|
Relato de Pere i Conxita |
||
|
DIARIO DE UNA ADOPCIÓN
16 de Marzo de 2004
Después de llevar un tiempo hablando del tema con Conxita y haber llegado ya a la decisión firme de que los dos queríamos adoptar un bebé, haber sacado los certificados médicos y penales y tener preparado el primer expediente para hacer la solicitud a la Generalitat, convocamos a nuestros dos hijos, Anna de 18 y Jordi de 14 años, a una charla familiar:
- Chicos, tenemos que hablar de un tema muy serio con vosotros. - ¡Os vais a separar! - dice uno
Y nosotros que no podíamos parar de reír a carcajada limpia.
- Bueno, como que no es normal que nos convoquéis así, de esta forma y tan serios - Es que hemos tomado una decisión y primero os la queríamos dar a conocer. Hemos pensado en adoptar un/a niño/a y antes de hacer nada queríamos saber vuestra opinión. - ¡¡¡Ole, ole!!! gritaron todos a coro. - ¡Ya no seré el pequeño! - ¡Yo tendré una muñeca de verdad!
Nosotros, de la chica ya nos esperábamos una reacción positiva. Ella es muy niñera y allí donde hay niños va ella y a la inversa; son como imanes que se atraen. Del que no lo teníamos tan claro era de Jordi. Éste tiene otro carácter y, aunque con sus abuelos ha sido muy cariñoso siempre, no teníamos claro que pudiera aceptar tan alegremente que alguien le pudiera quitar el honor de ser el pequeño de la casa. Su reacción nos sorprendió muy favorablemente, especialmente por el énfasis que ponía cuando hablaba de su nuevo/a hermano/a.
- ¿Y dónde va a dormir? - Hemos pensado reciclar la habitación de la plancha y la lavadora y convertirla en un dormitorio para el bebé. - (Jordi) ¡No, no, ésa me la quedo yo, y le cedo la mía para el/la peque!
Otra sorpresa que nos llevamos. Él, que durante años se han llevado como el perro y el gato con su hermana, ahora le cede su habitación a un desconocido y se conforma con otra mucho más pequeña, eso sí, con salida a la terraza.
Bueno, pues ¡quien nos iba a decir que aquel día en que estábamos hablando del tema de la adopción con nuestros hijos, en otro lugar del planeta nacía una niña que, a la larga, también iba a ser nuestra hija! Y es que la fecha oficial de nacimiento de nuestra Queralt FuSha es el 16 de Marzo de 2004. Casualidades de la vida.
17 de Marzo de 2004
Mi jornada laboral oficial es de 7 a 3. Ese día no esperé que pasara ni un minuto más para salir volando del trabajo. Sin comer nada cogí el coche y me fui a Barcelona (1 hora de viaje) antes de que cerraran el ICAA a las 5 de la tarde. Llegué a recepción, entregué el expediente, la señora recepcionista miró que no faltara ningún documento y me preguntó: - ¿Quieren ustedes adoptar en China? - Sí, señora. ¿No lo pone en el papel? - Sí. - Pues eso. Lo que hemos puesto.
Y le puso un sello de entrada a nuestra copia. ¡Ya habíamos dado el primer paso! Ahora solo faltaba esperar a que nos dijeran algo para empezar con los cursillos.
23 de Abril de 2004
En esta fecha empezamos los cursillos para la obtención del Certificado de Idoneidad. En principio nos habían dado fecha para los días 21 y 22 de Mayo, pero el 16 de Abril nos llamaron por teléfono de la Fundació Vidal i Barraquer diciendo que había habido una baja y que, si queríamos, podíamos acudir el 23 y el 24 de Abril. ¡Y tanto que queríamos! ¡Eso significaba un mes de adelanto en relación a la fecha prevista inicialmente!
Así que, teniendo hora a las 9 de la mañana, salimos de casa a las 7 para ir a la cita.
- ¡Eres un exagerado! decía Conxita ¡Mira que salir con dos horas de adelanto! - ¡Tampoco es tanto, y además hoy es viernes!
Pues lo dicho, que llegamos a la cita solo con unos 10 minutos de tiempo. La Ronda de Dalt colapsada a esa hora, como es habitual. Incluso hubo algún momento en que pensamos que íbamos a llegar tarde.
La reunión fue muy bien. Éramos 8 parejas y una chica monoparental. Cinco de las parejas tenían hijos biológicos. Desde el principio hubo un buen feeling entre el equipo psicológico y los aspirantes. O al menos así nos lo pareció a nosotros. Estuvimos hablando de la adopción, pros y contras, relaciones familiares, escenificación de algunas situaciones, proceso de adaptación y al final nos pasaron un video sobre el tema de la adopción donde se veían dos orfanatos, uno de Rumania y el otro de Etiopia. Algunas de las escenas realmente duras.
Al final quedamos para el próximo lunes para tener una entrevista individual con la psicóloga y planificar el calendario de entrevistas, que incluían una visita domiciliaria por parte de la trabajadora social y una entrevista con los chicos.
17 de Agosto de 2004
Día clave: hacía exactamente 6 meses que habíamos presentado la solicitud y fuimos a recoger el Certificado de Idoneidad al ICAA. Por medio quedaban llamadas a la Fundació Vidal i Barraquer para que no se durmieran (parecía que lo estuvieran haciendo) en la entrega del informe psicológico a la Generalitat. Más tarde vuelta a llamar porqué habían puesto unos datos erróneos y se debían corregir, en medio un mes de vacaciones en toda la extensión de la palabra, etc., pero éramos felices: ¡teníamos el ansiado CI en nuestras manos! ¡Ah, y además coincidía con el decimonoveno aniversario de nuestra boda!
Llevamos el CI y el informe psicosocial a AFAC para legalizarlo. Todos los demás papeles ya se los habíamos dado antes y ellos se encargan de legalizarlo todo a través de la gestoria TRANSMES. En unos días ya lo tendríamos todo completo y podríamos entregar el expediente definitivo al ICAA para su envío a Madrid y de rebote a China
10 de Noviembre de 2004
Éste día fue cuando salió el expediente de Madrid hacia China. Junto con el nuestro también salieron, entre otros, los de dos parejas de la misma provincia a quienes conocíamos personalmente. Por la noche entramos en el Chat de la página de Octubrines-Noviembrines y hacíamos cábalas sobre cuando nuestro expediente podía ser registrado en el CCAA en Pekín. Yo dije que tenía que ser el día 17 a la fuerza; que el 17 de Marzo habíamos presentado la solicitud, el 17 de Agosto habíamos recibido el CI y además era nuestro aniversario de boda y que el 17 de Noviembre sería el día D. La verdad es que nunca apuesto nada, pero ese día nos dio por apostarnos una cena de marisco y la ganaba la pareja que se acercara más a la fecha de registro. Ya os podéis imaginar que nosotros nos tuvimos que rascar el bolsillo por haber pecado de demasiado optimistas. La fecha de registro fue, definitivamente, el 25 de Noviembre de 2004.
A partir de aquí solo nos quedaba esperar. Esperar los 6 meses (o incluso menos) que era el tiempo en que los chinos estaban enviando las asignaciones. Si el ritmo seguía así, las asignaciones podrían salir de Pekín después de la semana festiva de Mayo en China y llegar aquí a finales de Mayo. La verdad es que a partir del mes de Enero los chinos fueron cortando los meses y ya no enviaban las asignaciones de todo un mes entero. Solo enviaban hasta dónde les daba tiempo. Además tampoco las enviaban cada 30 días, sino que, a veces, tardaban un mes y medio en llegar. Esto hizo que en lugar de recibir la prevista asignación a finales de Mayo la recibiéramos a principios de Julio.
5 de Julio de 2005
¡Santo día! Teníamos cita en el ICAA a las 12 de la mañana.
El día anterior estábamos esperando la llamada para decirnos que ya podíamos pasar a recoger la carta de asignación pero nada de nada. Con Eva Comas enviándonos mensajes por el móvil:
- ¿Te han llamado? - No - A mí tampoco - A esperar!
A media mañana recibo otro mensaje:
- A Maite, de Blanes ya la han llamado - A mí nada
¡Claro, es que Blanes pertenece a la provincia de Girona y parece ser que en Girona madrugan más que en Barcelona! Como era la una y media y no llamaban decidí pasar a la ofensiva y llamar yo mismo. Primero me sale la centralita y me pasa a un teléfono que no lo cogía nadie. Vuelvo a llamar y lo mismo. Al cabo de media hora ya no podía más y vuelvo a llamar a la centralita. Me sale una persona muy amable y me dice que durante la mañana estaban de reunión y por eso no llamaban. Que ahora estaban llamando a todos, que iba a intentar pasarme ella directamente pero no sabía si lo iba a conseguir, que me daba un par de números directos para contactar con las dos personas que se encargaban de llamar. Y mano se santo: me puse a marcar los dos números con dos teléfonos a la vez, uno en cada oreja. Como siempre comunicaban les ponía el remarcado automático hasta que uno de los dos dio señal de llamada. Le pregunté a la persona que me atendió si estábamos en la lista de las personas a las que tenían que llamar, a lo que me contestó afirmativamente y añadió que la cita era el día 5, a las 12 del mediodía.
Pues nada, que antes de las 11 ya estábamos haciendo cola en el Palau del Mar, que eran las nuevas instalaciones a dónde se había trasladado el ICAA. Íbamos toda la familia al completo ya que era época de vacaciones y los críos no quisieron perderse el momento de ver las fotos por primera vez. Aunque pueda parecer extraño, no fuimos los primeros. Había otra familia a quienes no conocíamos que ya estaban allí antes que nosotros. ¿Por qué será? ¿Quizás algún que otro nervio? O a lo mejor pensábamos que si llegábamos con mucha anticipación nos colarían antes de hora El caso es que tuvimos que esperarnos hasta las 12 y nos hicieron subir todos a una habitación, no muy grande, y de allí nos llamaban por familias y nos trasladaban a otros despachos donde nos daban la documentación. En la habitación no cabíamos todos sentados y algunos nos quedamos en pié. Entra una funcionaria y llama a una familia. La silla vacante que había dejado aquella familia fue inmediatamente ocupada por otra persona que estaba en pié. Entra otra funcionaria y llama a otra familia: era la que se había sentado en esa silla. En estas Conxita, que también estaba en pié, dice: eso es cosa de la silla. Esta debe ser la de la suerte y se sentó en la misma silla. Entro otra funcionaria y llama:
- ¡Familia Segalés-Torras! - ¡Ves como te lo decía yo, que esa era la silla de la suerte!
Creo que cuando se levantó Conxita de la silla hubo un pequeño lío porqué mucha gente quería sentarse en esa silla, pero eso ya forma parte de la historia a la cual no fuimos invitados a asistir. Lo que pasó era que iban llamando a las familias por orden alfabético inverso; es decir empezando por la Z hasta la A. Y dio la casualidad que los que se sentaron allí al principio eran de la zona baja del alfabeto.
Nosotros seguimos a la funcionaria de turno, una chica joven y amable, que nos llevó a un despacho, nos entregó el sobre con la asignación y las fotos, desgrapó las fotos del expediente y nos dejó solos unos minutos para que pudiéramos llorar, reír, saltar o lo que quisiéramos. Al cabo de unos minutos volvió, nos explicó lo que debíamos hacer, nos rellenó un impreso para pedir un certificado para la baja maternal y nos envió a casita (es decir: a AFAC).
En la planta baja del Palau de Mar mientras nos esperábamos a que estuvieran las familias conocidas hicimos los trámites que nos había dicho la chica y babeamos un poco con las fotos nuestras y de las otras familias que iban apareciendo poco a poco. La nuestra era muy original. Estábamos en pleno verano y las fotos de riguroso invierno. Con tanta ropa que llevaba incluso parecía un poco regordeta. Una era foto tipo carnet, con abrigo hasta las mejillas, la otra era también de la cabeza con un gorro tipo La casa de la pradera muy original y la última ya era el colmo: sentada de lado en un taburete con un gorro que parecía un motorista años 20 y con una peluca rubia con rizos. Lo que nos dejó preocupados fue que a todo el mundo la carta de asignación les ponía en chino y en inglés los datos del orfanato y de la provincia a donde correspondía. En cambio a nosotros en inglés no nos ponía a que provincia pertenecía y lo que decía en chino no nos era de una gran ayuda, como os podéis imaginar.
Llegamos a la sede de AFAC. Un montón de gente feliz y sonriente nos precedía. Nada más llegar, una chica ya nos da un número y se queda con el expediente para hacer fotocopias. Después con las fotocopias y los originales esperamos turno para firmar la carta de asignación y para la traducción. Mientras tanto alguien nos dice que las cartas de asignación que en inglés no dice la provincia son siempre de Chongqing. Y ya nos tienes como locos, primero a buscar en el mapa de China (en AFAC tienen uno de muy grande) por dónde cae el Chongqing ese y después a preguntar si había alguien más que le hubiera tocado a la misma provincia. Nos enteramos que Chonqguing no era una provincia, que tenía un estatus parecido al de Pekín y que era una municipalidad de 30 millones de habitantes. Bueno la capital solo es un núcleo de 6 millones. Por otro lado no coincidimos con nadie que fuera a Chongqing en el rato que estuvimos allí, aunque AFAC nos dijo que sí había más gente que iba al mismo sitio. Decidimos que iríamos por libre, solos o en un grupo pequeño. Mientras tanto AFAC se cuidaba de sacarnos los visados en el Consulado Chino. Nos hicieron la traducción del expediente oral, grabándola en una cinta de casette y también les encargamos la traducción por escrito, que nos llegaría por correo electrónico al cabo de unos días.
Con el casette en las manos nos fuimos para casa, más anchos que altos, con una sonrisa de oreja a oreja y con una sensación de felicidad que no teníamos ganas más que de salir corriendo a buscar a nuestra hija.
Al llegar a casa, lo primero escanear las fotos y enviarlas a las listas: la general, la de octubrines-noviembrines y la de diciembrines-enerines. Después, a mandar un mensaje diciendo que queríamos hacer un grupo reducido por libre para ir a Chongqing. Nuestro plan era salir el fin de semana del 13-14 de Agosto. Enseguida alguien nos envió un correo para contactar
Hago un correo electrónico explicando lo de que queremos formar un grupo de unas 4 ó 5 familias y lo envío al BLAS. Luego me copio el texto y lo pego en otro correo que envío a la Agencia de la Mujer.
Nos responden los dos diciendo que las fechas son buenas para viajar y que si formamos un grupo de ese tamaño no tendrán problema para ponernos un/a guía en español para el viaje. La AM nos dice que tiene los datos de una familia que les ha contactado que quiere viajar por libre sobre esas fechas y que si nos importa que les dé nuestro correo para poder unirse a nuestro grupo. Al final nunca más supimos de ellos porqué aún estamos esperando más noticias de la AM sobre el tema.
Ya hemos hablado con varias personas que tienen como destino Chongqing, aunque no todos son del mismo orfanato. José, de Villabona (Guipúzcoa), Dorleta, de Gasteiz, Juan Carlos, de Ciudad Real, Alberto López, de Cáceres. Algunos parece que ya tienen medio pié metido para que Andeni les organice el viaje. Otros, de momento, parece que les gusta la idea de hacer un grupo pequeño.
Contacto con varias agencias de viajes para saber disponibilidad y precio para los billetes. Somos 5 adultos ¿lo había dicho? Es que nos llevamos a los críos (que ya no lo son tanto) y a la abuela paterna. De momento los precios que nos dan son terribles. Entre 1.000 y 1200 Euros por persona.
..
Al final, después de varios contactos todos los compañeros con los que habíamos contactado se van con Andeni. Nosotros seguimos en nuestros trece de querer viajar en un grupo reducido o solos. La AM nos había hablado de que tenían un grupo de 22 personas. ¡Uf! ¡Que agobio para nosotros! Por lo tanto decidimos que, si nadie más se apunta, nos vamos solos. Hemos encontrado unos billetes a un precio razonable, teniendo en cuenta la época en que nos encontramos. Ahora falta que los chinos nos quieran poner un guía en español solo para una familia.
Enviamos un correo a la Embajada española en Pekín. Les decimos que nos iría bien presentar los documentos el lunes día 22 de Agosto. Esperamos respuesta.
9 de Julio de 2005
Volvemos a mandar dos correos idénticos a la AM y a BLAS, diciendo que lo de formar un grupo pequeño se ha ido al traste y que nosotros estamos interesados en viajar solos. Que queremos un guía en español para nosotros solos y que somos conscientes (¡palabra mágica!) de que el precio va a ser más caro porque nos tenemos que hacer cargo del coste del guía. A malas hemos pensado que un guía en inglés también nos serviría.
11 de Julio de 2005
Recibimos respuesta de la AM y del BLAS. La AM nos dice que:Como no le importa que sea un poco caro viajan solo con un guia espanol,no hay proplema que les organizamos el viaje.Pero si es posible cambiar la hora a la Embajada Espanola,es casi imposible entregar los documentos al Consulado el lunes,el martes sea mejor mucho. Haga el favor de esperar unos dias,luego les enviamos el presupuesto y el tarifa.Mantengamos la comunicacion. En cambio BLAS va más al grano y nos dice:ESTIMADA FAMILIA HEMOS CALCULA UN PRESUPUESTO DE $XXXX, VIAJAN SU FAMILIA SOLO, CON LA ACOMPANIA DE GUIA QUE HABLA ESPANOL. EN CHONGQING ALOJAN EN EL HOTEL HILTON, DE 5 ESTRELLAS, Y EN BEIJING ES EL BEIJING HOTEL, DE 5 ESTRELLAS. EL PRESUPUESTO INCLUYE EL ALOJAMIENTO, DESAYUNO, BILLETES DE AVION INTERIORES, SERVICIOS DE GUIA Y COCHE, LAS ENTRADAS DE LAS EXCURSIONES, ETC. LA GUIA LES AYUDA EN LOS TRAMITES DE ADOPCION Y SOLICITUD DEL VISADO, Y TAMBIEN LES DIRIGE PARA LAS EXCURSIONES. SI ACEPTE ESTE PRESUPUESTO HABLAMOS LOS DETALLES DEL VIAJE. ESPERO SU RESPUESTA
Respondemos O.K. a la propuesta de BLAS y a más de un mes para el viaje ya tenemos todos los detalles cerrados: viaje, embajada y BLAS. ¿Qué más podemos pedir?
Al día siguiente ya teníamos al detalle todo el programa para las excursiones y todas las cosas que íbamos a hacer durante esas dos semanas. Nos dicen que nos enviarán por fax la dirección del orfanato para poder mandar la cámara de fotos y nos ofrecen la posibilidad de pagarles el viaje bien por transferencia bancaria, bien en metálico a la llegada a Pekín la segunda semana.
Les pedimos si es posible visitar el orfanato. Nos dicen que si, que está solo a una hora y media del hotel y que no hay problema para visitarlo. Nos responden que debemos variar la ruta que nos han dado y les ofrecemos cambiar la visita al zoológico de Chongqing (del que no teníamos muy buenas referencias) por la visita al orfanato. Ningún problema.
14 de Agosto de 2005
Habíamos quedado en salir de casa a las 07:30 para ir al aeropuerto. Las maletas ya estaban cargadas en el coche desde el día anterior. Pusimos el despertador a las 6, pero creo que ha sido el primer día en la vida que antes de sonar el despertador ya se estaba duchando todo el personal. ¡Que nervios! ¡Y que prisas! A las 07:00 ya estaba todo quisqui en orden de marcha. ¿Y que hacemos ahora? ¡Pues nos vamos! ¡Que más da esperarnos en el aeropuerto que en casa!
- ¿Ya lo tenéis todo? ¿No os dejáis nada? - Todo en orden. Ya lo hemos cogido todo. - O.K. Andando hacia el aeropuerto!
Nos vamos, y a la salida del garaje mi madre pegó un grito que pensé que había atropellado a alguien. Pues no: ¡se había olvidado de coger la bandolera con el dinero! ¡Suerte que se dio cuenta allí mismo!
Llegamos al aeropuerto a las 08:00. Dejamos el coche en el nuevo parking de la Terminal A, plaza 2422. Después vendría el tutor a recoger el coche y llevárselo para casa. Vamos a hacer el check in y nos ponemos a hacer cola en unas filas interminables que ponía Helsinki. Al llegar al mostrador enseñamos los billetes y nos dicen que para ese vuelo nos tenemos que dirigir al mostrador 46. ¡Pero si el mostrador 46 ponía Iberia! ¡Y nosotros viajábamos con Finnair! Pues nada, que se ve que era un vuelo compartido Finnair-Iberia y en ningún sitio nos lo habían dicho. Y ale, ponte a hacer otra cola. En estas que llegan el tutor y su señora (hermano y cuñada) con unos amigos suyos de Bilbao y otros amigos nuestros para despedirnos. Una vez embarcadas las maletas mi madre nos invita a todos a desayunar. Hay que aceptarlo, que no pasa cada día
Nos vamos al bar del aeropuerto a desayunar y a pasar el rato. Ahora ya tenemos las tarjetas de embarque y sabemos que no hay overbooking. Pasamos un rato charlando y de golpe se oye otra voz, esta vez no tan fuerte de volumen como al salir del garaje, pero suficientemente para que todo el personal de la mesa se entere: es otra vez mi señora madre. Esta vez era porqué al ir a coger el dinero que se había olvidado, dejó el monedero encima de la mesa y no llevaba nada encima para pagar. Ni tarjeta de crédito ni nada. Bueno, si. Llevaba todo el dinero que había cogido antes metido en el refajo, pero no era el sitio más apropiado para ponerse a buscar en las interioridades para pagar el desayuno! Bueno ya teníamos a alguien para reírnos un poco y hacerle pagar la fiesta. ¡Si, si, mucho invitar y a la hora de la verdad nos lo tenemos que pagar nosotros! le decíamos todos. Y eso lo tuvo que escuchar casi a diario hasta la vuelta. Y es que los crios ! Bueno, y los que no lo son tanto, también !
Antes de embarcar nos cambiaron dos veces la puerta de embarque. Cuando estábamos haciendo cola en un sitio, van y te mandan a otro. ¡Que nervios! ¡A ver si se aclaran de una vez!
A las 11:45 ya estamos en el avión. En teoría deberíamos haber despegado a las 11:40. Ahora a esperar que acabe de subir el resto del pasaje y nos vamos A las 12:05 arranca el aparato. Hay un detalle que no había visto antes en otros aviones: es una cámara de televisión en el frontal del avión que retransmite el momento del despegue a través de las pantallas que hay a bordo. El avión está muy bien, la distancia entre filas es bastante ancha. El chico, que aún no había volado nunca, elige el asiento de la ventana. No quiere perderse ni un detalle. Foto por aquí, foto por allá Al facturar las maletas nos hemos encontrado con una amiga de mi (Pere) hermano que se dirige a Helsinki a ver a su hermana que vive en Finlandia y trabaja de secretaria de Papá Noel. Nos ponen juntos en la misma fila. Nos dice que ya le pasará los datos a su hermana para que este año Papá Noel le escriba una felicitación de Navidad a Queralt FuSha. ¡Mira que irse a vivir tan arriba, con el frío que hace y pudiendo estar la mar de bien aquí en su casa!
Llegamos al aeropuerto de Helsinki a las 16:40 (una hora menos en España). El aeropuerto no es muy grande, si lo comparamos, por ejemplo, con el de Ámsterdam, pero es muy coqueto y está muy bien. La chica que conocimos en el aeropuerto de Barcelona, como tiene bastante tiempo hasta que salga su avión, nos acompaña hasta el control de aduanas. Nos despedimos y quedamos en vernos más adelante. Pasamos el control de aduanas todos en un pack. Donde va uno vamos todos y Pere es el que controla todo el tema de pasaportes y tarjetas de embarque. Los aduaneros nos miran un poco raro cuando les entregamos un paquete con cinco pasaportes y cinco billetes, pero no hay ningún problema. Adelante! Ya estamos a punto de embarcar para Pekín.
El avión sale a las 18:00. Nos esperamos en frente de la puerta de embarque porqué aún es un poco temprano. Podremos empezar a embarcar a eso de las 17:30. Cuando llega esa hora abren el control de tarjetas de embarque y pasaportes y pasamos a la sala previa al túnel de embarque. Allí, haciendo cola va pasando el rato y no nos dejan embarcar. ¿Qué pasa? Nadie sabe nada. Preguntamos a los auxiliares de tierra y nos dicen que enseguida embarcaremos. A las 19:00 vienen un par de auxiliares de vuelo y nos dicen que hay unos pequeños problemas que ya están prácticamente resueltos, que solo queda hacer la comprobación y que tardarán unos 45 minutos. Al auxiliar que nos dice esto voy y le pregunto:
- Óigame usted, y si la prueba falla, ¿qué pasará? - No se preocupe usted, que esto no va a suceder - Pero, ¿y si sucede?
Se encoge de hombros y se va con una media sonrisa dejándonos a todos preocupados. ¡Uy, uy, uy, que esto va para largo! Y nosotros tenemos otro vuelo en Pekín que nos espera para ir a Chongqing. ¡A este paso no llegamos!
Pasan los 45 minutos y vuelven a venir otro par de auxiliares de tierra llevando un puñado de tickets en la mano. Nos dan uno por cada tarjeta de embarque que presentamos. Son vales de comida para ir al bar del aeropuerto y comer lo que queramos, con el límite de 13 Euros por persona. El ticket es solo para el día 14 y si no lo gastas todo no te devuelven el dinero que sobra. En todo caso puedes coger más comida o bebida hasta llegar al cupo.
Después de comer algo volvemos a la sala de espera. En el mostrador hay un aviso que pone: Información a las 21:00 Si preguntamos a las auxiliares que atienden el mostrador nos señalan el cartelito y nos dicen: No sabemos nada. A las 9 habrá información. El ambiente empieza a caldearse cuando al llegar las 9 vamos a preguntar. La señorita, fría y sin perder la calma, coge el teléfono interior y hace una llamada. Automáticamente el cartel se cambia por otro que dice: Información a las 22:00. Aquí la cosa está casi a punto de ebullición. Los que más preguntan y más se indignan son un par de grupos de españoles que van de vacaciones a Pekín. La mayoría no hablan inglés, pero se dirigen a las auxiliares del mostrador en español y con la voz un poco alta. Los nórdicos ni se inmutan y los chinos, como la mayoría tampoco hablan inglés no dicen nada. Somos los latinos los que damos la nota. Voy a preguntar algo a las auxiliares y hay un grupo que se acercan pidiendo que les haga de intérprete. Cuando veo que no tenemos educación (los españoles) dejo mi trabajo y me voy a ver como mis hijos juegan a las cartas. A mi hija también le piden que haga de intérprete, pero el horno no está para bollos. Cuando se despeja un poco la cosa voy a pedir una hoja de reclamación y me dice que no tiene, que ya las encontraremos en el avión y ya tendremos tiempo durante el viaje para rellenarlas. Aquí si que me cuadro y, educadamente y sin alzar la voz, le insisto que quiero una hoja de reclamación allí mismo; le pido también que quiero hablar con un responsable superior y me dice que es ella, que no hay nadie más por encima de ella en estos momentos. Le digo que no me lo creo que en todo el aeropuerto no haya nadie con un cargo superior. En estas se disculpa y me dice que va a intentar hacer algo respecto al tema de las hojas de reclamación. Se va y nos deja allí solos. Supongo que para enfriar un poco el asunto ya que, dialogando con un tono de voz correcto y educadamente, la cosa está bastante caldeada puesto que no dan información. Lo único que nos han dicho es que si el avión no pudiese marchar a las 11 de la noche nos llevarían a todos a un hotel y ya saldríamos el día siguiente.
Mientras no vuelve me voy a sentarme un rato con la familia. Al cabo de unos 10 minutos oigo una vos tras de mí que me llama: excuse me, sir. Era la señora que me daba una hoja para hacer la reclamación. ¡Menos mal! ¡Algo hemos conseguido! Entretanto ya son las 10 de la noche y mientras me dispongo a rellenar la hoja de reclamación, el mensaje vuelve a cambiar. Pero esta vez nos dicen que nos vamos a las 11!!!! ¡Cinco horas! Cinco horas de retraso solo para comprobar una tontería de nada que les llevaría unos 45 minutos. A esta hora ya no llegamos a tiempo para coger el otro avión de Pekín a Chongqing. Tampoco podía comunicar con BLAS porqué era domingo y además era de noche. ¡Que asco! La ley de Murphy hecha realidad!
Embarcamos casi a las 11 por lo que el avión ya volvía a salir con retraso. Estábamos todos bastante cansados. No porque hubiéramos corrido mucho. Era cansancio psicológico. El avión empieza a moverse a las 23:43 y en estas oímos la voz del comandante TITOLA (a que suena un poco mal ) dándonos la bienvenida, pidiendo disculpas por los problemas habidos y por el retraso. Nos asegura que los problemas se han solucionado y que han chequeado el avión dos veces. Además sorpresa: habla también en español. Increíble. ¡Hasta Pekín nos quedan solo 6.315 Km! Creo que nos quedamos todos más o menos muertos de sueño.
15 de Agosto de 2005
Son las 09:40 de la mañana (hora de Pekín). Lo sé porqué me he puesto un reloj en cada muñeca. En uno llevo la hora china y en el otro llevo la española. Así sé que si llamo a España no voy a despertar a nadie. Nos vamos empezando a despertar, hemos dormido bastante. Jordi, solo de subir al avión, se quedó dormido tan profundamente que cuando trajeron la cena no hubo forma humana de despertarle. Vamos a llegar tarde; lo sabemos, pero después de haber dormido nos hemos relajado bastante y ya lo vemos todo de otra manera, quizás con más optimismo.
Aterrizamos a las 11:57. ¡Lástima! teníamos el otro vuelo a las 11:45! Entre recoger las maletas y pasar controles perdemos unos 45 minutos. Cuando salimos fuera vemos a una joven con un cartel que pone: BLAS, y debajo: Segalés-Torras. Era NACHA. Habla un español casi, casi perfecto. Nos deja sorprendidos por su facilidad de palabra en nuestro idioma. Nos dice que ha tenido que cambiar los billetes para Chongqing y que el próximo avión sale a las 14:30. Ha tenido que pagar más de 200 Euros de diferencia por el cambio de billetes, pero como había sido culpa de Finnair, ella ya había ido a las oficinas de Finnair y les había hecho pagar la diferencia a ellos. ¡Vaya efectividad! Me lo cuentan y no me lo creo Tenemos 1 hora para pasar todos los controles y embarcar. Nacha no viene con nosotros. En Chongqing nos esperará LOLA, la guía que tendremos durante estas dos semanas. El único inconveniente es que la entrega de la niña, prevista para esta tarde, la han tenido que aplazar hasta mañana a la misma hora (más o menos).
Al entrar en el avión que nos iba a llevar a Chongqing empezamos a notar un olor diferente, como a especias o peor, como a cocina rancia. En el avión, Jordi se quedó dormido al acto. Le despertamos cuando nos trajeron la comida. Hacía un olor terrible y se mareó con el olor. La verdad es que Pere tampoco quiso ni abrir el paquetito de la comida, no fuera a oler peor todavía. Además, con lo especial que es con la comida, todo lo que no ve claro no lo come.
Llegamos a Chongqing a eso de las 16:45. Recogemos las maletas y salimos. Nos estaba esperando Lola, que llevaba ahí desde la hora en que debíamos haber llegado. Es una chica joven con el pelo largo y muy moreno con flequillo. Lola nos presenta a Marcus: guía local. Él no habla español, pero domina bastante el inglés y, con él, nos vamos entendiendo sin necesidad de que Lola tenga que traducir. Al llegar a la calle ya nos esperaba una furgo-taxi. Cargamos las maletas y subimos todos, 8 en total. Tenía un asiento plegable que el respaldo estaba roto y no se aguantaba en posición vertical. Por lo demás muy bien, Levaba fundas blancas en los asientos, lo que daba una sensación de limpieza. Era un vehículo chino de fabricación, marca JIN BEI, y era de esos que no tienen morro y el motor lo llevan en la parte interior del vehículo, en medio de los asientos delanteros. Nos lleva al hotel, pero como no tenemos nada para cenar esa noche, le pedimos que nos llevase a un centro comercial para comprar algo. Nos llevó a un Carrefour que nos quedaba de camino al hotel. Problema: con el lío del retraso del avión no habíamos tenido tiempo en el aeropuerto de cambiar Euros a Yuanes. Marcus nos dice que no hay problema, que él nos deja dinero y ya se lo devolveremos. A la entrada del centro comercial, en plena calle y rodeados de gente, se saca un montón de billetes y cuenta 2.000 Yuanes, se los da a Lola para que ella los cuente y Lola me los da a mí. Todo eso en medio de la gente que nos miraba extrañados con unos ojos como platos, a medio metro escaso, ¿como un chino le daba tanto dinero a un occidental? sin mediar ningún papel ni nada que se le pareciera. Bueno ahora ya teníamos dinero. Entramos y aprovechamos para comprar un cochecito (239 yuanes), leche, yogures, una garrafa de agua, Nesquik, 2 barras de pan y tomates, que son tan pequeños que parecen aceitunas.
Llegamos al hotel a las 7 de la tarde. Lola nos aconsejó dar 20 yuanes de propina al botones del hotel que nos descargó las maletas (9 entre grandes y pequeñas) y nos las subió a la habitación. Parece ser que la propina va en función del número de maletas que te trasladen y unos 2 yuanes por maleta es lo correcto. Después de hacer el check-in, pedí para cambiar y me cambiaron un máximo de 300 Euros. Le devolví a Marcus su parte, agradeciéndole su generosidad y confianza. Después nos fuimos a la habitación y Marcus nos sugirió aprovechar el tiempo para rellenar los formularios para el Registro y el notario, así al día siguiente ya lo tendríamos hecho. En uno de los formularios había una foto de carnet de Queralt FuSha actualizada. Se la veía bastante grandecita y pensamos que la ropita que habíamos traído quizás le vendría pequeña. Mientras, el resto del equipo deshacía las maletas y colocaba las cosas en su sitio.
Por la noche cenamos el típico pa amb tomàquet que solemos hacer en Catalunya y le metimos dentro unas lonchas de jamón que habíamos disimulado dentro de la maleta, envuelto en papel de regalo de color rojo (por si las moscas).
El Hotel Hilton
El hotel es un lujazo. Un cinco estrellas, pero doradas y brillantes. La recepción es amplísima y tiene una altura considerable. El hall es también de lujo. Al lado mismo del hall hay un espacio con plantas y surtidores de agua. Entre la recepción y el hall está un pasillo amplio que tiene 6 ascensores. Suben y bajan muy suaves, pero al mismo tiempo muy rápidos. Los marcos de las puertas de los ascensores son metálicos y siempre hay una señora con un trapo que les está sacando brillo, o les quita las huellas que los usuarios hayamos podido dejar. Si cae algo al suelo no le pasan el aspirador, lo cogen con las manos y lo retiran. Llevan una especie de cesto con unas tapas donde meten lo que recogen y, por otro lado, llevan los trapos y productos de limpieza, que cuidan hasta el máximo.
Tiene dos entradas. Entre la recepción / hall y la entrada trasera hay un pasillo con tiendas de alto nivel. Lo que para nosotros es la planta baja, para ellos es la 1ª planta (eso en toda China, al parecer). En la 2ª planta hay el comedor-buffet. Los desayunos son muy completos. Hay de todo, muy variado y en cantidad. Cuando llegas siempre hay una o varias camareras que te preguntan cuantos vais y si queréis zona de fumadores o no fumadores y también si queréis trona para la niña. Son muy amables, atentas y serviciales.
En la planta 3 hay una zona para los niños. La llamada baby room. Es una habitación no excesivamente grande con juguetes para los pequeñajos.
En la planta 4 es donde hay todo el equipamiento administrativo. Allí es donde te hacen las fotocopias que necesites o donde tienes que ir si quieres conectarte a Internet. No es barato, unos 20 yuanes la media hora, pero en Pekín es mas caro. También es a la planta donde hay que ir para cambiar de ascensor si necesitáis la visita del médico. Para ir al médico hay que ir a la planta 4ª, dirigirse al mostrador y decir que se quiere ir al doctor. Las chicas te indican el camino para coger el otro ascensor. El médico tiene su consulta Global Doctor en la planta 7ª. Despacho 701. Se llama Denis Valdés y es de Paraguay. Le encanta que acudan familias españolas para poder hablar con ellos en su idioma. Es muy amable y se esmera mucho en la visita y en las explicaciones.
En la planta 9 está la peluquería, el gimnasio y la piscina. La piscina es grande y está muy bien. No es muy honda, no cubre, pero es más que suficiente. Está cubierta por un tejado semi-transparente que permite todo el día bañarte a la luz del sol. Saliendo de la piscina hay una especie de terraza que da la vuelta casi a todo el hotel, con unas vistas magníficas cuando no hay neblina (que es casi a diario). En el gimnasio también dan clases de aeróbic, tai-chi, baile (salsa, etc.) y no sé cuantas cosas más; todo ello gratis. Incluso aunque vaya una sola persona hacen la sesión igual. La peluquería es de pago.
En las plantas superiores están las habitaciones. Amplias, limpias, bien cuidadas y con todos los detalles que una familia adoptante pueda necesitar, a saber: una cuerda extensible para utilizar como tendedero (mejor llevarse un poco más de cuerda de casa), la bañerita para la niña, un set de jabón, leche corporal, talco y champú de la casa Johnson para la niña, amén de los típicos para los adultos, una tetera que sirve para calentar los biberones al baño maría, chancletas para no andar descalzo (no problem, porque hay moqueta) y albornoz, etc. En la cuna te ponen un osito panda de regalo para la niña. No hay problema para pedir una cama supletoria si es necesario, pero las camas individuales son de 120 de ancho, así que dos personas también caben bien. El baño es muy completo con bañera y plato de ducha separados; eso si, no hay bidé.
Pasan a limpiar la habitación tantas veces como sea necesario. Si te vas a desayunar, a la vuelta ya tienes la habitación limpia y ordenada. Al mediodía otro tanto. Por la tarde vuelven a pasar, además te dejan una tarjeta donde te dicen la previsión del tiempo para el día siguiente y la temperatura estimada aproximada.
No es necesario llevarse paraguas. Si llueve, acudes al mostrador de recepción, en el extremo de la derecha, y te prestan un paraguas por persona. Lo apuntan en una hoja. Al llegar los devuelves y lo borran. Así te ahorras de ir cargado en la maleta. Si llueve, en las entradas de los edificios importantes (hoteles, bancos, museos, etc.) hay una o dos personas a quienes les das el paraguas y lo meten en una bolsa de plástico larga, para no manchar el suelo con el agua que pueda caer de los paraguas, y te los devuelven. A la salida les entregas la bolsa.
En resumen, un hotel de primera, con un servicio excepcional. Hasta el día de hoy, el mejor hotel en que he estado. 16 de Agosto de 2005
Empezó el día lloviendo. Mejor dicho: ya venía lloviendo desde ayer por la noche. Habíamos quedado a las 10:45 con Lola para ir al banco y hacer el ingreso del dinero. Nos sorprendió este nuevo sistema de pago. Antes querían el dinero en metálico y ahora (al menos con nosotros así fue) querían un justificante bancario. Lola legó puntual, como siempre, y ella y yo (Pere) fuimos al banco andando. Total estaba a unos 500 metros del hotel. Cuando llegamos al banco, aparte de los guardias de la puerta, había dos empleadas con un aparato sujeta-bolsas y nos pidieron el paraguas, lo pusieron dentro de una bolsa, le dieron un tirón y nos lo devolvieron embolsado para no manchar con agua el suelo del banco.
Nos dirigimos a una ventanilla y allí entregué los 3.800 dólares que me había dicho Lola que había que pagar. Eso lo incluía todo, Registro, Notario, etc. La empleada, después de una serie de operaciones, imprimió un papel como comprobante del dinero ya cambiado a yuanes y más tarde se fue a otro departamento donde hizo el ingreso en una cuenta. Nos dio un justificante y nos fuimos. Este justificante era para el Registro, para poder demostrar que ya habíamos hecho el pago.
Mientras tanto el resto de la familia se fue a la piscina. Para ir a los vestuarios de señoras hay que bajar por una escalera interior de madera a una planta inferior. Había pétalos de rosas blancas y rojas en los peldaños de la escalera. Todo ello muy bonito.
A las 12:30 quedamos con Lola para ir a comer. Para no ir muy lejos nos fuimos a la calle de detrás del hotel donde hay una especie de Kentucky al estilo chino que se llama DICOS. No está mal. Un menú bastante completo con helado incluido sales por unos 23 yuanes por persona, que al cambio eran unos 2,4 Euros. En una hora ya volvíamos a estar de regreso al hotel papa prepararnos para ir al Registro a recoger a la niña.
Marchamos hacia el Registro a las 14:00. Lloviendo como toda la mañana. Llegamos a eso de las 14:20. El edificio no es muy nuevo y exteriormente, como todo en Chongqing, se ve falto de mantenimiento y de limpieza. Entramos hacia dentro y cogemos el ascensor hasta la 4ª planta. El resto del edificio tampoco se diferencia mucho de la parte exterior, pero cuando salimos del ascensor, ¡oh milagro! El Registro es una estancia amplia, moderna y muy bien cuidada. La puerta es de cristal y al fondo hay un mostrador muy amplio con los funcionarios trabajando detrás de él. A la izquierda hay unas amplias ventanas que dan a la calle principal y a través de las cuales entra mucha luz. A la derecha hay una pared con el fondo rojo, algo parecido a un estudio fotográfico. Es donde hacen las fotos para el libro de familia chino.
Al entrar vimos que alrededor de una mesa en el centro de la estancia había unas señoras que tenían a nuestra hija sentada en su falda. No había duda: era clavadita a la foto que habíamos visto en los impresos el día antes, pero así en directo no parecía tan grande como en la foto. Nos acercamos y, sin preguntarnos nada, la representante del orfanato nos la puso en nuestros brazos. No había equivocación posible: era la única niña que había en el Registro y nosotros éramos los únicos occidentales con cara de hambre de niña que casualmente estaban por allí. Fueron unos momentos muy emocionantes. Contrariamente a lo que siempre habíamos imaginado pudimos contener las lágrimas y nadie lloró. Quizás ayudó a ello el hecho que la niña estaba muy sedada y no hizo ningún gesto de rechazo hacia nosotros ni tampoco lloró. Todo el mundo le decía cosas, unos en chino, otros en catalán, Lola en español parecía la torre de Babel. Pero la niña sin reaccionar a lo que le dijéramos. Tenía una mirada muy triste, miraba fijamente a la gente sin pestañear y sin hacer ningún gesto que pudiera dejar entrever una alegría o quizás dolor o sentimiento de rechazo hacia unos narizotas que hacían el payaso delante de ella. Le dimos un sonajero y apenas lo pudo coger con la mano. No aguantaba nada. Era como una muñeca de trapo. Si la queríamos poner en pie se caía porque las piernas se le doblaban como si fueran de nata. Estaba durmiéndose por momentos.
Iba vestida con un chándal de un color anaranjado claro tirando a crema, unos calcetines y unas sandalias de goma. No llevaba nada más. Bueno, un pañal, claro . Todo ello nuevo, lo estrenaba ese día.
Nos dijeron que nos fuéramos a la zona con el fondo rojo para hacer la foto para el libro de familia chino. Nos sentamos en un taburete con la niña en medio y de repente todos los chinos se pusieron a hacerle gestos y llamarle la atención para ver si reía un poco. Era tal el estado de atontamiento que tenía que, al menos, tuvieron que disparar una docena de fotos para conseguir que una saliera medio bien.
La representante del orfanato nos dijo que la niña había comido a eso de las 11:30 y que a esa hora ya le tocaba darle un biberón. Nos dieron una bolsa de plástico roja y dentro había un paquete de leche en polvo, un paquete cereales de la casa Nestlé, un biberón nuevo y la cámara de fotos que habíamos enviado al orfanato para que le hicieran unas fotos y poderlas tener de recuerdo. Con la ayuda de la representante del orfanato preparamos el biberón según las medidas que nos dijeron que tomaba y se lo dimos. Bueno, lo intentamos. Porqué no quiso beber ni una gota. Ni en la falda de mamá ni, como nos dijo la cuidadora, sentada en el suelo. Nada. Por mucho que las chinas intentaran motivarla no quiso tomar nada. Se lo guardamos para más tarde. Después firmamos los documentos registrales que habíamos rellenado el día anterior en el hotel y nos dispusimos a marchar.
Al salir del Registro fuimos a comprar a un centro comercial. Mientras tanto la niña se durmió en el coche. De paso nos acercamos a casa del notario y Marcus (el guía local) fue a llevarle los documentos. Nosotros no salimos ni siquiera del coche. En éstas nos damos cuenta de que nos habíamos dejado olvidada la bolsa con la leche y la cámara en el Registro. Marcus llamó enseguida y se la localizaron. Nos dijo que la iría a recoger al día siguiente. Este centro comercial estaba mucho mejor que el Carrefour al que habíamos ido el día anterior. Mejor calidad pero también precios más altos. Nosotros lo bautizamos como El Corte Inglés chino para diferenciarlo. Allí nos lo hubiéramos llevado todo. Había un montón de ropita a cual más bonita. Le compramos dos vestidos y un chándal, un par de juguetes y dos pares de zapatos. Las dependientas, al vernos extranjeros con una niña china, nos seguían a todos lados y querían que se lo compráramos todo. Nos hizo gracia que en un vestido de dos piezas que compramos, de las cuales una era un pantalón, la dependienta tuvo mucho interés en que supiéramos que, desde un punto concreto de la parte delantera del pantalón hasta otro punto de la parte trasera, se podía descoser para poderla llevar con el culo al aire como hacen los chinos.
Después fuimos a la sección del supermercado y la niña se despertó. Le faltaban ojos para mirarlo todo. La gente nos rodeaba a cada paso y aprovechaban para tocar a la niña y, sobretodo, taparla; no fuera a resfriarse. Para volver al hotel cogimos 2 taxis puesto que el chofer había tenido que irse antes. Nos costaron menos de 10 yuanes (1 Euro) cada uno.
Al llegar a la habitación le dimos el biberón de 200 c. c. y se lo tomó todo de un trago. Luego estuvo todo el rato mirándonos, pasando de unas manos a otras. No cambió para nada la mirada triste que tenía en el Registro, es más durante un rato estuvo llorosa, se le escaparon unas cuantas lágrimas sin emitir ningún sonido. Al revés de lo que suelen hacer los críos que lloran sin que les salte ninguna lágrima. Parecía una persona mayor, con mucho sentimiento. Incluso tenía espasmos. Nos pareció que estaba un poco calentita y le pusimos el termómetro: 37,55º. La desnudamos para bañarla y vimos que a ambos lados de las caderas tenía una cicatriz en un lado y una herida abierta en el otro. No sabíamos a que podía ser debido, pero por la situación nos imaginamos que podía ser por haber estado atada, sentada en un orinal o algo similar, para que aprendiera a hacer sus necesidades. El cuerpo lo tenía lleno de señales como si hubiera pasado la varicela o como si fueran picadas de mosquitos, pero si eran mosquitos tenia que ser un ejército puesto que la cantidad de picadas era muy importante. En la parte del culito tiene una mancha mongólica no muy subida de tono y tiene otras de bastante diluidas a la altura de los hombros.
Por ser el primer día la bañamos en la pica del lavabo y ahí si que le oímos la voz. Y podemos asegurar que tiene un buen timbre. Como para cantar opera. El primer día no parecía darle mucho miedo el agua. Pero lo que no le gustó nada fue que se la echaran por la cabeza. Después de bañarla le pusimos Nivea por todo el cuerpo. Tenía las rodillas muy ásperas, como de gatear, pero el caso es que no se aguantaba en pie. Y si la poníamos boca abajo no hacía ninguna intención de gatear o, al menos, intentarlo. No soltó en toda la tarde el sonajero que le dimos en el Registro. Lo tuvo todo el rato en la mano derecha. Más tarde en la habitación le dimos una anilla con unas llaves de plástico, las cogió con la mano izquierda y no las soltó en toda la tarde-noche.
A eso de las 20:30 ya no podía aguantar más tiempo despierta y le intentamos dar el bibi de la cena, pero no quiso ni catarlo. Durante la tarde intentamos darle agua o zumo y tampoco tuvimos éxito. La acostamos a las 9 pero no se quedaba tranquila si no veía a nadie a su lado. Mientras el grupo grande cenaba en la habitación, Pere se quedó a su lado hasta que se quedó dormida. La cena era la tradicional, o sea, pan con tomate y jamón o queso o longaniza, según los gustos. Ese día nos fuimos a dormir pronto porqué el día siguiente íbamos de excursión a Da-Zu. A las 11 de la noche se medio despertó: se puso a gatas y estuvo durmiendo al menos un minuto en esta postura, después se despertó. Conxita intentó darle la cena pero tampoco triunfó.
17 de agosto de 2005
Hoy hace 20 años que nos casamos y esta mañana Queralt FuSha nos ha hecho el mejor regalo: nos ha regalado una sonrisa.
Se despertó a las 6. En esto ha coincidido con lo que decía el informe, que la hora de levantarse eran las 6 de la mañana. Le hemos preparado un biberón y no lo quería. Entonces le hemos cambiado el pañal y ¡milagro! se lo ha bebido todo, unos 240 c.c. Pensamos que a lo mejor en el orfanato no les daban de comer si iban mojados, o bien que estaban acostumbradas a que primero las cambiaran y después les dieran la comida. Después estuvimos jugando un rato y nos sonrió. Más tarde fuimos a despertar al resto de la trouppe y también les sonrió, pero eran unas sonrisas un poco tímidas, no se soltaba a reír; hasta las 8 que fuimos a desayunar. Mientras nosotros desayunábamos quiso probar nuestro desayuno. Comió algunas migas de croissant y de pastas, pero poca cosa, como un periquito. Cogimos un poco de arroz y nos lo llevamos para la comida en el termo de sólidos.
A las 9 salíamos de excursión a visitar las esculturas de piedra de Da-Zu (163 km. de Chongqing). No nos acompañó el mismo chofer que los dos días anteriores puesto que el anterior parece ser que no podía salir de un determinado radio de la ciudad y esta excursión estaba a una hora y media (o más) de Chongqing. Al salir de la ciudad cogimos un tramo de autopista de peaje (allí también pagan por usar las autopistas), la autopista no era buena. La vez que hemos visto circular más rápido, el vehículo iba a 110 km. /h y parecía que fuéramos a 200. El asfalto no era uniforme y el vehículo iba dando saltos. Los que iban en la parte trasera parecía que fueran en una noria. Al poco de dejar la autopista cogimos otra carretera de peaje. Ya vimos que no era autopista y preguntamos porqué había tenido que coger el ticket para el peaje. Lola se lo preguntó al conductor y le dijo que ésta era una carretera de alto nivel. ¡Si eso era una carretera de alto nivel, yo soy cura! Al cabo de unos pocos metros nos encontramos los dos carriles del lado derecho, según circulábamos, con una capa de arroz extendido en la carretera y unos agricultores que lo iban removiendo para que se secara. Los vehículos atravesaban las dos líneas continuas del centro y circulaban en sentido contrario por uno de los carriles de la izquierda. Y si querían adelantar, invadían el otro carril. ¡Eso era el caos! Además la gente que atravesaba la carretera por donde y cuando quería y los conductores se limitaban a esquivarlos sin más. Por aquella carretera de alto nivel circulaba todo quisqui, desde un carro tirado por personas a bicicletas, pasando por moto taxis, autobuses, etc. El tema del arroz en la carretera no era en un sitio esporádico si no que duraba kilómetros y kilómetros. Los campos se veían todos cultivados, pero al mismo tiempo daba la impresión de mucha pobreza si no miseria.
Al final dejamos esta privilegiada carretera y enseguida llegamos a la ciudad de Da-Zu, pero las esculturas aun están a unos cuantos kilómetros de distancia y se accede a través de una carretera de tercera categoría a cuyos lados se puede ver el lamentable estado en el que viven las pobres familias de la zona. Descalzos, algunos viven en barracas o cobertizos, otras en una especie de garajes, otros quien sabe si tienen techo para poder dormir, etc. A los lados de la carretera, en la cuneta vimos varios cerdos acabados de sacrificar, atados con bambúes, a punto de llevárselos a sus casas, suponemos.
Al llegar a la zona de las esculturas lloviznaba y solo salir del coche, sin tiempo a abrir los paraguas nos rodearon un montón de niños que hacían unas cruces con unas hojas vegetales. Utilizaban manos y boca para ir más aprisa y nos las ofrecían a cambio de una limosna. Les dimos unos yuanes, pero había tantos que, cuando el chofer vio que ya habíamos pagado a unos cuantos, les echo de allí gritándoles. Suponemos que les diría que ya habían recogido bastante y que no molestaran más. Luego nos fuimos a ver las esculturas. ES UN SITIO PARA NO PERDERSELO. IMPRESIONANTE. Esta zona está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La guía nos dijo que había más de 10.000 esculturas talladas en la roca que reflejaban la vida en China hace miles de años. Había de todo: animales, soldados, budas (muchos), gente de todas clases, etc. Todos ellos esculpidos en unas paredes de roca que, a veces, te cortaban la respiración al ver su grandeza y majestuosidad. Como anécdota a título informativo deciros que había un grupo de tres budas gigantescos, uno de los cuales aguantaba una pequeña pagoda en sus manos. Pues bien, esa pequeña pagoda mide 1,65 m. de alto y pesa más de 800 kg. Os podéis imaginar las dimensiones de los budas. Hay otra escultura, del llamado buda durmiente, que es un buda en posición horizontal; mide 8 m. de alto x 31 m. de largo. Luego también está, dentro de una chabola o cabaña, el llamado Buda de las mil manos. Es una figura dorada que todo su alrededor está lleno de manos y, según cuenta la leyenda popular, en cada mano tiene un ojo que le permite ver todo lo que sucede en cualquier parte.
La lástima de esta excursión es que la tuvimos que realizar con los paraguas y chubasqueros, aparte de llevar a la niña en brazos. No se puede ir con cochecito puesto que hay un montón de escaleras. Al final BLAS nos invitó a comer en un restaurante típico de allí. Nos pusieron alrededor de una mesa redonda en la que en el centro había una plataforma circular que giraba. Allí es donde ponían los diferentes platos y cada cual va cogiendo un poco de aquí, un poco de allí. Nos sorprendió que solo te pongan un vaso de bebida. Consideran que con un vaso ya tienes bastante. Otra cosa que nos sorprendió es que Lola y el chofer se sentaron a comer en otra mesa, separados de nosotros. Le preguntamos la razón y nos dijo que era normativa de BLAS de dejar a las familias comer solos.
Al regresar al hotel fuimos a ver al doctor para que le hiciera una visita a la niña. No comía casi nada, no hacía caca y le continuaban saliendo unos granitos, como picadas de mosquito (pero no habíamos visto ningún mosquito en todo el tiempo) por todo el cuerpo. No tuvimos ni que salir del hotel. Está en la 7ª planta. Es Paraguayo y muy amable. Le diagnosticó sarna. Nos dijo que la 1ª prioridad era que evacuara y la 2ª era curar la sarna. Para curar la sarna nos dio una pomada y nos dijo que la bañáramos 2 veces al día manteniéndola en el agua por espacio de 30 a 45 minutos cada vez, haciéndole masajes por todo el cuerpo a fin de que los poros de la piel se le abrieran y pudieran salir los parásitos ahogados por el agua (parece de coña, pero eso fue lo que nos dijo) y que no la sacáramos durante las horas fuertes de sol (¡como si lo hubiéramos visto!). Él dijo que le parecía que no tuviera la edad que decía el informe, que podría ser más pequeña. A nosotros esto nos da igual, lo importante era que se pusiera bien. Dijo también que le faltaba grasa, que era pura fibra. Y que lo de que las piernas no la aguantaban se le iría marchando a partir de que pudiera evacuar todo el sedante que le habían dado, a través de la orina y de las heces. Lo de las cicatrices de las caderas el médico dice que podría ser de la misma sarna que se le hubiera infectado con el roce del pañal que les ponen en el orfanato. Son unos plásticos con unas gasas dentro y podría ser que fuera del mismo roce. Al menos esa es una posibilidad que el doctor ha apuntado, pero nosotros sostenemos que podría ser más factible lo de que estuviera atada. El mismo doctor nos facilitó la pomada para la sarna. Pudimos pagar con tarjeta de crédito sin ningún problema.
Le pusimos un supositorio de glicerina al llegar a la habitación. Estuvo un rato que se encontró mal, lloró mucho y finalmente le salió un pedo y nada más. Mientras tanto llegó Marcus y nos trajo la bolsa con la leche, los cereales y la cámara de fotos que nos dejamos en el Registro así como todos los documentos firmados por el notario por triplicado. Cuando Marcus se fue la bañamos en la bañera pequeña que el hotel nos puso a nuestra disposición y se pasó todo el rato llorando y con el esfuerzo le salió una bolita de color verdoso pero del tamaño de las cacas de cabra. Le pusimos la pomada y como no quiso cenar la metimos directamente a la cama.
La verdad es que de ayer a hoy ha hecho un gran cambio, pero aún le falta muchísimo. Ya coge los juguetes con las dos manos y las piernas, aunque no le aguantan, ya se le notan un poquito más fuertes que ayer. Lo que en estos momentos más nos preocupa es el hecho de que no coma. Con lo poquita cosa que es, si no come se nos va a fundir.
18 de agosto de 2005
Hoy fuimos a la plaza de Chao Tian Men, o mejor dicho, al lugar donde el río Jialing se junta con el Yangtze. Es muy bonito ver aquella inmensidad de agua. El río Yangtze tiene el agua de color amarronado (dicen que en otra época que no sea de lluvias es más amarillento) y el Jialing no lo es tanto (de color verdoso fuera de la temporada de lluvia). Allí mientras estábamos contemplando los dos ríos y los barcos que los navegan nos vino a pedir un mendigo que, básicamente fue a incordiar a la abuela. Era todo un espectáculo de lloros y sollozos.
Aparte de esta anécdota la gente nos rodeaba y nos miraba a nosotros y a la niña, tocándola y sonriéndonos. Lola, con su paraguas-sombrilla iba siguiendo a la niña y le hacía sombra cuando, por la orientación del sol, la capota del cochecito no era de utilidad. Lola es encantadora. Todo el día se deshace en atenciones hacia la niña.
Después de esa visita fuimos a un centro comercial a comprar las cosas que nos dijeron las cuidadoras del orfanato que les hacía falta. Compramos 3 andadores y unos 20 vestiditos para edades de 8 meses a 1 año y medio. Después de pagar en la caja nos dispusimos a darle el biberón a Queralt y al momento nos vimos rodeados por un montón de gente. Todo un espectáculo. ¡Como si sus hijos no tomaran biberón! Para no cambiar de hábito, Queralt solo tomó medio biberón. Es que esta niña no come casi nada. Los adultos nos fuimos a comer al Dicos (pollo al estilo Kentucky). Le dimos a probar el pollo a la niña y parece que le gustó. Después también quiso probar el helado y tampoco le hizo ascos. A Anna le salió un bicho vivo de debajo del pollo. Algo así como una pulga, más o menos. Allí vimos por fin reír a Queralt a carcajada suelta. Casi al final de la comida ya no se estaba quieta y la hemos levantado y llevado a dar una vuelta por el establecimiento. En un momento dado se nos ocurrió hacerle el give me five o lo que es lo mismo choca aquí esos cinco. Cada vez que le chocábamos las manos se ponía a reír a carcajadas. ¡Al fin! Y la familia boquiabierta y tomando fotos de este momento histórico.
Después mientras unos iban a conectarse a Internet, los demás fueron a la piscina, niña incluida. Parece que no le gustó mucho lo del agua. Puede que escarmentada del baño matutino por lo de las pupas de la piel, ya se hubiera echado atrás al ver tanta acumulación de líquido. Al salir de la piscina, Jordi tropezó y se arrancó media uña del dedo grande del pie. Enseguida acudieron los socorristas y le curaron. Pasó un rato muy malo puesto que le pusieron algún líquido desinfectante más fuerte que el alcohol y estuvo quejándose mucho rato.
Mas tarde salimos a dar una vuelta por los alrededores del hotel. En unas callejuelas pequeñas había un montón de bares-chiringuitos llenos de gente comiendo, pero lo malo de todo, para nosotros, era que la porquería les salía hasta por las orejas. ¡Que guarrería! Las ollas y las picas para lavar los trastos en medio de la calle, sucios que no veas y no les da vergüenza de que los demás les miren con cara de asco. Todo eso a cuatro pasos del hotel. ¡Que diferencia con el Hilton, donde al pasar casi te van siguiendo por si ensucias la moqueta poder limpiarla enseguida ¿Cómo es posible que unos sean tan limpios y otros tan al revés? Después de ver ese espectáculo fuimos a cenar a nuestro restaurante particular. La niña comió una rebanada de pan de molde con tomate. A ver si hace caca de una vez. Hoy, después de ponerle un supositorio de glicerina solo pudo hacer dos bolitas como dos garbanzos de color verde. 19 de Agosto de 2005
Éste fue el día en que pudimos ir a visitar el orfanato de Jiang Jin. Se encuentra aproximadamente a una hora y media de Chongqing. Nos preparamos para la excursión de manera que, a la hora del desayuno, cogimos un poco de arroz del hotel para tenerlo a la hora de la comida por si no le apetecía el biberón.
Cuando se deja la carretera general (de doble carril) se coge una carretera estrecha, con muchas curvas y, sobretodo, muuuuuuchos baches. No es muy largo este recorrido, unos 3 km. como mucho. Al llegar al recinto del orfanato, éste se encuentra cerrado por una puerta metálica, se entra unos 20 metros y hay como una rotonda, donde dejamos el vehículo. En frente hay un edificio, que al salir nos dijeron que era el edificio administrativo. A la derecha se bajan unas escaleras que llevan a un patio rodeado de otros edificios. El de la izquierda es muy nuevo, de 4 plantas y es una residencia de ancianos. Enfrente de éste, es decir a la derecha, se encuentra otro edificio viejo también de 4 plantas y con señales de estar abandonado, que era la antigua residencia de ancianos. Al fondo se encuentra otro edificio bajo que es donde tienen las niñas. Está tocando por una punta a la residencia de ancianos.
A la entrada del edificio del orfanato hay una habitación de unos 35-40 m2 dónde había varias cunas vacías y varios andadores apilados, era la habitación que dedicaban a sala de juego. A la izquierda se entraba a otra habitación un poco más grande con las cunas de las niñas distribuidas en 5 filas con tres pasillos entre ellas. En total debería haber unas 35 cunas y unas 27-30 niñas Esto fue todo lo que pudimos ver. Las dos habitaciones se veían en buen estado y muy luminosas, pero hacía mucho calor en el interior. Las cunas también estaban bien y a las niñas no se las veía mal (aunque allí tenían el problema de la sarna). El patio que está frente a la entrada estaba bien cuidado y era un espacio ideal para que las niñas pudieran salir a jugar. De todas formas, solo vimos a una niña que andaba por su propio pie. Las niñas iban vestidas todas con los mismos modelos de pijamas, en 3 colores diferentes. Los pijamas eran un poco viejos, pero a las niñas se las veía limpias. Se les veían picadas como de sarna, igual que a la nuestra. Algunas estaban en pie, aguantándose en la barandilla de la cama y otras estaban sentadas de esa forma en que primero se arrodillan y después descienden el culito hasta tocar el suelo abriendo los pies. La mayoría de niñas que vimos ya estaban en edad de ser adoptadas. En ninguna cama se vio ninguna sábana ni colchón. Tenían como unas esterillas de paja en el fondo de las cunas. En la zona del patio había unas cuanta de tendidas sobre las plantas para que se secaran. No nos enseñaron la zona de los bebés más pequeños ni la zona de los niños con cuidados especiales. Tampoco fuimos invitados a ver la cocina ni los lavabos.
Cuando nosotros fuimos había 7 personas que nos recibieron. Una era la que nos trajo a la niña y otra su acompañante, aunque creímos que ellas no eran cuidadoras de las niñas, sino empleadas del orfanato con algún cargo intermedio. Las demás, algunas eran cuidadoras (pudimos conocer a la cuidadora de nuestra hija) y otras debían ser cuidadoras de los otros niños y/o ancianos. Si todas ellas hubiesen estado al cuidado de las niñas, seguro que más de una estaría andando y todas ellas estarían más estimuladas.
Cuando llegamos al orfanato, Queralt se hizo un poco la remolona antes de soltarse su madre e ir a los brazos de la cuidadora. Y eso que solo hacía escasamente tres días que estaba con nosotros. Enseguida las cuidadoras se la llevaron a la sala donde estaban las otras niñas. Había unas que reían, otras lloraban y algunas que, inicialmente, no hacían caso a nada, como si aquello no fuera con ellas. Cuando su cuidadora puso a Queralt en la que había sido su cunita, aún vacía, se puso a llorar desesperadamente, pataleando para que la sacaran de allí. A las cuidadoras las conocía, pero no nos perdía de vista a nosotros. Las demás niñas se dejaban coger por nosotros, como si quisieran que nos las lleváramos, reían y se las veía contentas cuando las cogíamos. Se notaba que aún no habían sufrido el shock que suponía encontrarse, de repente, con unos desconocidos que hablan diferente y que no se parecen en nada a los rasgos a los que estaban acostumbradas a ver. Nos fijamos que en toda la sala de las camas no había más que un juego de llaves de plástico en una cama para jugar. Las demás no tenían nada. La vecinita de Queralt le cogió un sonajero que ella llevaba consigo desde el día del Registro y tuvieron una pequeña disputa porqué las dos lo querían. Se lo dimos a la niña que se quedó allí y que era la que se le bebía los biberones de nuestra hija, pues vaya diferencia entre una y otra.
La niña que andaba sola nos observaba con mucha curiosidad. Conxita la cogió en brazos y no se extrañó nada, aceptaba todas sus caricias. Le dio un chupa-chups y le gustó. Por allí también había un niño de unos 9 ó 10 años que andaba siempre detrás de las cuidadoras, concretamente de una. Intentamos hacerle alguna caricia y se escondía detrás de una cuidadora. Al final no supimos si era un niño del orfanato o era el hijo de la cuidadora. Casi al final de la visita apareció un hombre que dijo ser el doctor y nos explicó que tenía mucho trabajo, tanto con las niñas como con los ancianos.
Fuimos al coche a buscar loa andadores y los vestiditos que les habíamos comprado para el orfanato, así como unos pequeños detalles para las cuidadoras. No pudimos ni repartirlos, los cogió la señora que nos había entregado a la niña en el Registro y lo puso todo en un montón. No sabemos como lo repartió, si es que lo hizo. También les dejamos unos globos y unos chupa-chups que, inicialmente, habíamos llevado para Queralt ya que pensamos que ella, aquí, tendría todo (o casi) lo que quisiera, en cambio las niñas del orfanato no vimos que tuvieran ningún juguete para entretenerse.
Nos dejaron filmar y fotografiar tanto como quisimos en las estancias que visitamos. Fue una experiencia inolvidable. Igual que la entrega, fue todo tal como siempre habíamos soñado. Y el sueño se convirtió en realidad. Nos había tocado la lotería. Ahora solo nos quedaba que nos tocara la otra lotería, la del dinero, pero ésa si no llega tampoco pasa nada. Tanto en el Registro como en la visita del orfanato nos dejaron ir a nuestro aire. En ningún momento tuvimos la sensación de que quisieran ir a prisa. Siempre éramos nosotros los que marcábamos el ritmo. Al marcharnos, a la cuidadora de nuestra hija se la veía llorosa. Seguro que la amaba. Nos hemos prometido que cada año, por la época de Navidades, les enviaremos fotos de Queralt con alguna cosita para las niñas.
Al final, cuando estábamos delante del edificio administrativo, salió un hombre que dijo ser el director del orfanato. Se disculpó por no haber podido estar con nosotros durante la visita puesto que estaba en una reunión importante. No habla inglés y le preguntamos si tenía correo electrónico para podernos comunicar y también nos dijo que no tenían nada de eso.
Salimos de allí con una sensación de relajación, como de objetivo cumplido. Ahora sabíamos que nuestra hija ya no volvería más a aquel sitio, que aunque bien cuidado, no deja de ser una especie de granja de niños.
Teníamos la opción de ir al hotel de nuevo (según el programa), pero Marcus, el guía local, nos preguntó si queríamos ir a visitar un pueblo milenario que quedaba aproximadamente a una hora de allí. Evidentemente ese trayecto lo debíamos pagar aparte al chofer. Dijimos que si y la verdad es que es una visita espectacular, altamente recomendable. Ni el chofer, ni Marcus, ni Lola habían estado nunca allí. Tuvieron que preguntar varias veces el camino hasta llegar allí.
El pueblo en cuestión se llama ZHONG SHAN. Está situado a la orilla de un río y consta de una sola calle central en medio de dos hileras de casas. La calle debe tener entre 1 y 1,5 km. de largo y en el sitio más ancho no pasa de los 3 metros. Todas las casas son de madera y están conservadas igual que 1000 años atrás. Hay de todo: pescadores, artesanos, chringuitos para comer (nosotros no comimos porqué nos dio asco), etc. Los sitios que tienen comida, la exponen al aire libre, algunos tapada con una tela mosquitera, otros si lo que tenían era pescado o anguilas lo tenían en unos cubos con agua a pie de calle. Allí mismo en la calle había un hombre que iba matando y descuartizando las anguilas a la vista de todo el mundo, con las manos llenas de sangre y sin inmutarse. La mayoría de las casas tenían los bajos convertidos en una pequeña tienda donde vendían antigüedades o artesanía local, pero sin arreglarla en forma de tienda de lo que nosotros entendemos como habitual. Las cosas para vender las ponían al ladito de calle, y en la parte de dentro hacían su vida normal. Allí compramos algunas cosas para llevarnos como recuerdo y fue donde nos estrenamos en el arte del regateo. Mientras comprábamos caían bichos del techo y nos los tuvimos que sacudir para no llevárnoslos de souvenir. En los sitios que hacían comida no creo que no haya nadie que no sea de allí que tenga suficiente hígado como para quedarse a comer. Justo al llegar al pueblo, antes de bajar del coche y empezar el recorrido la guía nos ofreció la posibilidad de quedarnos a comer allí. Conxita, inocente ella, le dijo que si. Al cabo de un rato tuvo que decirle a la guía que no se veía capaz de comer allí. Y la guía, que tampoco las tenía todas consigo, le dijo que lo entendía y que a ella tampoco le hacía mucha gracia. Los mosquitos nos perseguían cual ladrones. Le pusimos repelente antimosquitos a los tres críos y los demás a ventilárnoslos de encima como podíamos puesto que nos habíamos olvidado el repelente para adultos en el hotel. En una punta del pueblo había unos servicios, mejor dicho: un agujero en el suelo y el resto lleno de m , con un hedor insoportable. Conxita tuvo que ir y al entrar ya casi vomita del mal olor y del asco, pero no había otra opción. Y ni agua para tirar al final. Ah! y al salir había que pagar! De todas formas fue una excursión muy bonita y difícilmente la vamos a olvidar.
Por la carretera veíamos a la gente trabajando el campo, hombres y mujeres. Pensamos que a lo mejor alguna de aquellas mujeres era la madre de nuestra Queralt FuSha. Nos hubiera gustado poderle dar las gracias por habernos regalado esta criatura y decirle que no sufriera, que intentaríamos por todos los medios que nuestra Queralt FuSha tuviera una vida digna y que fuera lo más feliz posible.
Al llegar al hotel fuimos otra vez a ver al doctor. La encontró mucho mejor que el primer día. Como no defecaba aún, nos recomendó ponerle dos supositorios de glicerina seguidos. La verdad es que desde que salimos del orfanato dio un cambio muy grande. Ya nos empezó a imitar y empezó a jugar y a hacer algún que otro sonido con la boca.
20 de Agosto de 2005
La previsión del tiempo para hoy que nos dejaron en el hotel ya decía que iba a llover, y no se equivocaron. Agua todo el día. Bajo la lluvia vimos a través de la ventana de la habitación, desde primera hora de la mañana, un despliegue de personal impresionante: ejercito, bomberos, ambulancias, etc. que se dirigían, en formación, al estadio que hay a unos 300 metros del hotel. El estadio también estaba parcialmente lleno de los desfilantes. No supimos que se celebraba ni si solo era un ensayo o era el día definitivo. Cuando volvimos ya no había rastro de nadie.
En principio teníamos previsto ir a visitar una plaza del centro de la ciudad, pero al llover la guía, previa consulta con nosotros, cambió los planes y nos llevó a ver el Palacio del Pueblo. Es un edificio precioso, construido en los años 50 y lo podríamos comparar como el Liceo de Barcelona pero en plan austero. Tiene una gran platea y 5 pisos de gallinero. La lástima es que el mantenimiento de los edificios no es un don del que puedan presumir los chinos, y en esta ocasión las paredes tenían la pintura desconchada por la humedad, el suelo estaba sucio, no del día, sino que la suciedad estaba impregnada en las baldosas. En la platea nos caían gotas de agua. Es una verdadera lástima que un edificio tan espectacular no tenga el mantenimiento adecuado al significado que para la gente de Chongqing tiene este edificio.
Antes de entrar nos encontramos con dos parejas de novios que fueron a hacerse las fotos de rigor delante del Palacio del Pueblo. Lola, la guía, nos dijo que la gente, antes de la boda, consulta a un adivino o sabio sobre el día más propicio para casarse. Parece ser que hoy era un día propicio. Aunque lloviera
Saliendo del Palacio del Pueblo fuimos enfrente, al otro lado de la plaza, que hay el Museo de las Tres Gargantas. Es un museo nuevo y muy bonito. Construido todo a base de mármol, es un edificio moderno y muy en la línea occidental.
Al llegar al hotel nos fuimos a comer al restaurante, donde había buffet libre. Hemos comido muy bien. Hay mucha comida al estilo occidental. Por la tarde, aparte de empezar a llenar las maletas para irnos a Pekín, empezamos a llenar los formularios para la Embajada Española, ya que teníamos hora para el lunes y Lola quería que todo estuviera a punto.
Queralt hace cosas nuevas cada día y nosotros nos la miramos todos embobados, parecemos tontos, y es que todo nos hace gracia. ¡Como si no hubiéramos tenido ya dos críos antes! ¡Que ilusos todos mirando el más mínimo movimiento de la niña!
Hoy le dijimos a Lola que no nos gustaba que cuando fuéramos al restaurante se sentaran, ella y el chofer, en otra mesa. Nos dijo que era norma del BLAS. Le preguntamos que pasaba si la norma la dejábamos para otros tiempos, que nosotros preferíamos sentarnos todos juntos a comer. Nos dijo que, siempre que fuera posible, lo harían.
21 de Agosto de 2005
Hoy hace una semana que nos fuimos de Barcelona y en cambio no hemos tenido la sensación de que haya pasado tanto tiempo. Nos ha pasado volando. Hoy, por fin, Queralt ha hecho caca. En cantidad y además olía que daba gusto. Quedó toda la habitación con un perfume que no veas.
A las 10:30 vinieron a buscar las maletas para bajarlas abajo a recepción. Pagamos la factura de los extras del hotel y nos fuimos hacia el aeropuerto. Lola también vino con nosotros a Pekín. Aquí en Chongqing se alojó en el mismo hotel que nosotros.
Empezamos a embarcar a las 13:00 por la puerta nº 9. A Queralt se la notó mucho más viva que hasta el día de hoy. Desde que se deshizo de todo lo que llevaba en el cuerpo se le notó un cambio muy grande. En todo el viaje desde Chongqing hasta Pekín no paró ni un momento. Se puso en pie mucho rato en el avión, cosa que hasta ese día no hacía para nada. Hasta entonces apenas notaba que los pies le tocaban al suelo los replegaba, como si le diera rampa. Nos dio el viaje completo, queriendo ir de un asiento a otro sin parar. ¡Suerte que éramos 6 y nos la podíamos turnar!
Les pedimos a las azafatas de Air China que nos dieran el cinturón para atar a la niña. Nos pusieron cara de no saber de que le hablábamos y nos dijeron que la aguantáramos fuerte contra nuestro cuerpo y que con eso ya había suficiente. Vaya diferencia con las compañías europeas. El avión aterrizó en Pekín a las 15:30, recogimos el equipaje y salimos a la calle dónde nos esperaba el chofer con su furgo-taxi. Este vehículo, aún siendo de una marca oriental, era de un marcado estilo occidental, mucho más cómodo que el que tuvimos en Chongqing, como los de aquí, vaya. Llegamos al hotel a eso de las 17:00 aproximadamente.
El Hotel Beijing
El hotel está muy bien. Es inmenso, con más de 1000 habitaciones. Consta de cuatro pabellones: A, B, C y el Gran Hotel Beijing, que es el cuarto. Parece ser que a las familias adoptantes las alojan en el pabellón A. La recepción es inmensa, con un gran mostrador y con una entrada que quita el hipo. A la izquierda del mostrador de recepción hay una zona donde está una especie de barco que ocupa varias plantas y que es para hacerse mil fotos.
Enfrente de la puerta de entrada hay la zona de los ascensores, 8 en total. En la planta baja siempre hay una señora limpiando aquella zona y se encarga de llamar el ascensor para que no te tengas que esperar. El restaurante se encuentra también en la planta baja, justo a la derecha de la puerta de entrada. El buffet también es muy variado y si no te gusta una cosa seguro que enseguida encuentras otra que te guste.
Una cosa que no hay que perderse es la piscina. Está situada en la 2ª planta, mirando a la calle a la derecha. Muy grande. Y no hay demasiada gente, es un lugar muy tranquilo. Hay un jacuzzi de unos 4 metros de diámetro con el agua a 37º. Aunque a las niñas no les guste el baño, seguro que, con un poco de paciencia, el jacuzzi al final les encantará.
También en la segunda planta, a mitad del camino a la piscina, se encuentra el Business Center o sala de negocios. Allí están los ordenadores con conexión a Internet. No es nada barato, pero cuando la necesidad apremia
Las plantas de las habitaciones, ya sea por el color de la decoración, o por el estilo, o porqué están muy usadas, tiene un aire como si fuera un poco sucio, aunque no lo sea. Todo enmoquetado y con unos largos pasillos, quizás sea esto lo que le dé este ligero toque. Las habitaciones también son amplias. Las camas de matrimonio son más anchas que largas. Si se te pierde la pareja en la cama tienes que hacer una excursión antes no la atrapas. El cuarto de baño es bastante grande, con bañera. No hay cuerdas pre-instaladas para tender la ropa. Hay una terraza en donde se puede atar una cuerda y hacer un tendedero casero. La salida a la terraza tiene doble puerta, para evitar los contrastes de temperatura y el ruido. Todas las luces y el aire acondicionado se controlan a través de un panel que está situado en la mesilla de noche. En este hotel hay habitaciones que se comunican mediante una puerta intermedia. Las familias que vayan a ocupar más de una habitación pueden pedir a BLAS o a la AM que les reserven este tipo de habitaciones. Van muy bien para estos casos.
En la segunda planta, saliendo por un pasillo a la izquierda, al final hay un restaurante típico americano: el Outback Steakhouse. Se come muy bien para quienes les guste la buena carne, aunque los precios no son, ni mucho menos, los de los restaurantes chinos. Mas bien se acercan a los precios americanos.
Hay una salida lateral de este hotel que da a la peatonal calle Wang Fu Jing. Se coge en la segunda planta a la izquierda, pasamos por delante del Outback Steakhouse y bajamos por unas escaleras mecánicas a la 1ª planta, donde hay un concesionario de coches. No hay problema. Se pasa por en medio de los coches y se sale a la calle. Se trata de una salida oficial y los de los coches están allí a ver que pescan.
Cuando nos establecimos en el hotel, Pere y Lola nos fuimos a buscar una farmacia para comprar la pomada para la niña que nos había dado el doctor en Chongqing, puesto que se estaba terminando y la niña aún continuaba teniendo picores y le salían puntos nuevos. Visitamos dos farmacias y no encontramos la misma pomada. Al final una farmacéutica nos preguntó para qué la queríamos y nos dijo que tenía una de parecida que era para lo mismo. Nos la quedamos. Era una farmacia situada en un centro comercial de la calle Wang Fu Jing. Me extrañó ver a tantas dependientas. Conté hasta trece, pero posiblemente hubiera más. Y nosotros éramos los únicos clientes en aquellos momentos. Ya sé que era domingo por la tarde, pero si por este motivo no había muchos clientes, ¿no podía hacer fiesta la mitad del personal?
En el hotel, al bajar por el ascensor, éste se para en la quinta planta (nosotros estábamos en la 7ª) y ¡sorpresa!: nos encontramos con Quim y Eva de Malgrat de Mar y con José y Maite de Blanes. A todos ellos ya les conocíamos de anteriores kedadas en nuestra zona. Nos fundimos en un fuerte abrazo y se nos cayeron las lágrimas. Ellos iban en un grupo organizado por AFAC que ya se iba el jueves. Además nuestras provincias tampoco habían coincidido.
El hotel, que es fantástico, no es tan cálido como el Hilton de Chongqing. Lo notas en el ambiente desde el momento en que entras. Si solo hubiéramos visitado este hotel, seguro que lo hubiéramos encontrado fantástico y muy bien. Y lo es. Pero el Milton tenía un aire especial. Quizás fuera por la emoción del hecho que allí fue el primer sitio donde estuvimos con nuestra hija.
22 de Agosto de 2005
Esta mañana despertamos a Queralt a las 7 (¿las 7? ¿pero no decíamos que era como un reloj que se despertaba a las 6 en punto?). Le preparamos un biberón de 240 c.c. de leche con cereales y azúcar y se lo terminó todo! Nosotros alucinábamos. Si que habían hecho efecto las cacas del día anterior!
Hoy es el aniversario de nuestra hija Anna. Hemos hecho un ridículo que no sé si nos lo va a perdonar de por vida. Esta mañana nadie se acordó de felicitarla hasta que al llegar Lola le dice: ¡felicidades Anna! Nos quedamos de piedra. Ya no nos acordábamos en que día vivíamos. Intentamos rectificar el error pero todo fue en balde. Todo el día nos lo está sacando a colación.
A las 9:30 nos fuimos para la Embajada española. De paso nos paramos un momento en el Ministerio chino para recoger los papeles que habían enviado a legalizar desde Chongqing. Repasamos que estuviera todo en orden y seguimos camino hasta la embajada. Teníamos hora a las 11 de la mañana, pero llegamos a eso de las 10:45. Allí delante de la Embajada había un grupo bastante numeroso de familias que estaban esperando para entrar. Nuestra guía, Lola, llamó a la puerta y habló con alguien en chino. Al momento nos dijeron que ya podíamos pasar y entramos los 6 (nosotros con la guía). Presentamos los papeles tal y como ya los llevábamos ordenados y nos dijeron que estaba todo correcto, que podíamos pasar el jueves a recogerlos. Al salir, a fuera estaban esperando todos los del grupo a punto de entrar. Justo al salir oímos a su guía que les decía: entrar solo un representante por familia. Hemos de reconocer que no quedaba demasiado bien, justo cuando nosotros, una sola familia, salíamos 6 de golpe. Alguien de los allí presentes le dijo a su guía algo así como:si, igual que estos que salen ahora, ¿no?. A las 10:45 ya volvíamos a estar en el hotel de vuelta.
Fuimos a dar una vuelta por la calle Wang Fu Jing y sus alrededores, viendo las paradas que hay en los callejones y oliendo los distintos olores que salen de los bares y restaurantes y a la hora de comer nos fuimos a lo seguro, es decir un Kentucky que estaba en la misma calle. Queralt allí se tomó otro biberón de 240 c.c. Conxita alucinaba con este hambre repentino que le entró a la niña. ¿Será el cambio de ciudad? A este paso la engordaríamos en dos días.
Por la tarde nos fuimos a visitar el barrio de los Hutong, unas calles estrechas por las que pasamos en rickshaw, o sea: una especie de carro tirado por una bicicleta. Los frenos son un poco ortopédicos: tan pronto ponen el zapato en la rueda para frenar como pisan un cable que cuelga por debajo del cuadro de la bici. Íbamos tres rickshaws en fila. A nosotros, los que pesamos más junto con la niña, nos tocó el porteador más flaco de los tres. Hubo un momento en el que había un poco de desnivel en el suelo que bajó de la bicicleta y no nos podía arrastrar. La gente que había allí alrededor le ayudaron empujando el carromato. Visitamos una guardería muy grande, con varios edificios situados siempre alrededor de otros tantos patios centrales. En aquella guardería, a la cual acudían niños hasta los 6 años, nos dijeron que también había servicio nocturno; es decir, que si era el caso se podían quedar a dormir por la noche. Visitamos un mercado y también una casa particular (todo incluido en el precio). Los edificios estaban situados alrededor de un patio interior en el centro del cual había un árbol. El edificio principal es donde tienen la habitación los padres. A los lados hay las habitaciones de los hijos a un lado y de las hijas al otro. Las camas, de noche sirven para dormir, y de día pueden servir para tomar el té o incluso comer. Algunas camas pueden incluso ser de obra, bajo las cuales les ponían brasas para calentarlas. Conxita me confesó que a medida que iba viendo la casa le parecía como si ya la hubiera visto anteriormente. Eso se debe a que estuvo leyendo varios libros chinos, pero en especial los de AMY TAN, que es una escritora que describe muy bien las casas y las costumbres chinas. Había dos chicas jóvenes, hermanas, que nos explicaron la historia de su familia y como estaba distribuida la casa. Nos invitaron a té y nos enseñaron la casa. Ellas hablaban un inglés muy correcto y cuando les dijimos que éramos españoles, nos enseñaron dos monedas españolas antiguas. Por las fechas dedujimos que una era de la época anterior a la invasión Napoleónica y la otra de después de la invasión.
Al volver al hotel nos fuimos todos a la piscina, mejor dicho: casi todos al jacuzzi y algunos alternaron con la piscina. El agua de la piscina estaba a 25º pero el jacuzzi estaba a 37º. A Queralt, eso del jacuzzi le gustó mucho más que la bañera y se tiró más de 1 hora en remojo. Como contrapartida al buen comportamiento en el jacuzzi, para cenar solo se tomó 120 c.c. de biberón. Nos vinieron a ver Esther y José Mª de Lliçà dAmunt, que ya estaban allí desde media semana anterior. Su hija, Iris, tiene 10 meses y es muy movida. Queralt, al verla tan activa, se quedó parada como si no estuviera por allí. Después cenamos nosotros y conseguimos que Queralt se tomara una especie de Petit Suisse chino y un poco de queso con pa amb tomàquet. Más tarde también vino Mª José Esquirol, monoparental, con su hija que con 15 meses ya anda sola y parece mayor que nuestra Queralt. Está muy enmadrada y dijo que en esos días lloraba por nada. ¡Cuanta gente que nos encontramos del grupo de octubrines y noviembrines!
23 de agosto de 2005
Hoy visitamos el Palacio de Verano y dimos una vuelta con el barco por el lago. Es una finca muy grande, aunque el Palacio, por dentro, no se puede visitar. Solo hemos podido ver el trono del emperador, desde la puerta, en uno de los edificios que conforman este espectacular entorno. Hay también una especie de pasillo cubierto, que debe tener alrededor de 1 Km. y que está lleno de pinturas en el techo y en los soportes. Cada pintura explica una situación o historia concreta de una época. Al final del paseo hay un barco de piedra que es precioso y espectacular. Parece ser que este barco era el lugar preferido de la emperatriz..
Fuimos a comer a un buffet libre que hay al lado del Palacio de Verano y también al lado de una fábrica de perlas. La visitamos de pasada y nos fuimos al hotel.
Por la tarde fuimos al teatro chino a ver un espectáculo de equilibristas. Fantástico. Encontramos mucho tráfico para llegar, puesto que era hora punta, pero llegamos justo un par de minutos antes de empezar. Queralt se durmió justo al llegar al teatro y no se despertó hasta el aplauso final.
Por la noche hicimos una cena más que familiar. Nos juntamos en nuestra habitación (puesto que teníamos 2 de contiguas y comunicadas) 4 de las familias que ya nos conocíamos de antes de venir a China, Quim y Eva con Meritxell, José y Maite con Alba, José Mª y Ester con Iris y nosotros 6. ¡Vaya jaleo en tan poco espacio! Para evitarnos cocinar, los maridos nos fuimos, unos al Mc Donalds y los otros al KFC, que estaban a tres pasos del hotel, y nos volvimos con comida y bebida.
24 de Agosto de 2005
A las 6 de la mañana en punto sonó el despertador, alias Queralt. Es como un reloj. Hasta hoy se ha venido despertando casi cada día a la misma hora, para alegría de sus padres Sigue sin gustarle la bañera, en cambio en el jacuzzi se lo pasa muy bien. No hay quien la entienda: ¿las dos cosas no son de agua caliente? ¿Entonces porqué la bañera no y el jacuzzi si?
Lola vino temprano y trajo su ordenador portátil para podernos conectar a Internet desde la habitación. Teníamos un pequeño problema con el nombre chino de la niña en el billete de avión. Cuando nos dieron la asignación en Barcelona el nombre que venia en la documentación era JING FU SHA. Pues bien, al entregarnos la documentación de la niña venía como JIN FU SHA. Le dijimos a los guías que estaba equivocada, que en la asignación nos habían puesto JING con G final. Hicieron varias llamadas, incluso al orfanato, para confirmar que el nombre se escribía sin G y al final así fue. Es fácil deducirlo porque ella venía del orfanato de Jiang Jin. Bien, pues quisimos corregir este problema en el billete y después de varias llamadas a Finnair y al aeropuerto y intentos de cambio del billete desde Barcelona, al final nos dijeron que intentáramos pasarla tal como venía, y que si nos ponían pegas, deberíamos solucionarlas en el mismo aeropuerto.
De visita nos fuimos al Templo del Lama. Aunque sea un nombre en singular, la verdad es que son varios edificios seguidos de sus correspondientes patios, con uno o más budas en cada edificio. Había un buda altísimo, que ya no recuerdo los metros que tiene, pero son muchos. Las mujeres más creyentes fueron a comprar incienso y se lo pusieron al buda. Dicen que tienes que pedir tres deseos, pero no deben ser para uno mismo, y luego se cumplen. Creo yo que el único deseo que se cumple es el del vendedor del incienso, que cada deseo significa negocio para él.
25 de Agosto de 2005
Hoy ha sido un día dedicado casi exclusivamente a las compras y al regateo. De salida fuimos a la Embajada Española a recoger los papeles de nuestra hija. Allí coincidimos con dos grupos que iban a presentar los papeles. Cuando llegamos un grupo estaba a las puertas de la embajada esperando entrar, mientras que el otro ya estaban casi todos subidos al autocar que les llevaba a hacer la ruta del día. Mientras nos esperábamos fuera, viene un paisano y me dice: oye, tu no serás Pere, ¿verdad? Y yo que me quedé boquiabierto puesto que no le conocía de nada. Y continúa: soy Juan Carlos Leca de Ciudad Real, te he reconocido por tu hija mayor, que es pelirroja. Pues si, era cierto que hablando por teléfono uno de esos días antes de preparar el viaje le comenté que ya teníamos dos hijos mayores y que la chica era pelirroja. Además su hija era del mismo orfanato que la nuestra. A los dos nos enviaron las fotos de las niñas con una peluca rubia de rizos. Y fue así que cuando, desde el autocar, nos vio esperándonos a la puerta de la embajada, bajó del mismo y vino a saludarnos. Es uno de los tantos recuerdos que nos traemos de China y que, aunque parezca una tontería, me llegó al corazón. Gracias Juan Carlos!
Recogimos los papeles en la Embajada y nos fuimos de compras al Ya Show o mercado de las imitaciones. Nos pasamos horas y horas comprando y regateando. Yo era el regateador oficial de la familia. Tan pronto tenía a mi hija pidiéndome que la ayudara para comprarse una cosa como por el otro lado venía mi hijo por lo mismo. L@s vendedor@s le ponían mucho teatro, incluso hacían ver que lloraban por el poco margen que les quedaba. Yo, recordando mis años de actor amateur, también le puse mucho teatro. Al final compramos mucho y bien de precio, aunque en una ocasión la vendedora no quiso entrar en el juego del tira y afloja. Cuando nos dijo el precio, se lo bajé a un poco menos de una tercera parte y dijo que no directamente sin ofrecer alternativas. Pues allí se quedó ella con sus pantalones por vender!
BLAS nos invitó a comer el pato laqueado. Muy famoso, pero nada del otro mundo. Como te lo cortan allí delante de ti, al menos sabes lo que comes esta vez.
Al volver al hotel nos encontramos con un pastel de nata helada en la puerta de la habitación. Lola nos dijo que era cosa del BLAS, aunque nosotros siempre creímos que lo pagó ella de su bolsillo. Era para celebrar varios motivos: el día 14, cuando salimos de Barcelona, era el aniversario de Jordi (15), el día 17 era nuestro aniversario de boda (20), el día 22 el aniversario de Anna (19) y el mismo día 25 el aniversario de Conxita (42). Como regalo de cumpleaños Queralt le regaló a Conxita un ¡MAMAAA! que no se paga con todo el oro del mundo.
26 de Agosto de 2005
Hoy nos tocaba visitar la Gran Muralla. Queralt está fantástica, si se la coge de las manos ya intenta caminar. Por la habitación gatea de un lado a otro y ya hemos tenido que cazarla al vuelo saltando de la cama al suelo. Cuando la bañamos en la bañera por las mañanas ya casi no protesta y si nos vamos al jacuzzi por las tardes ya se tira directamente. Le gusta catar todos los gustos y sabores, aunque no quiere nada de líquido. No bebe ni agua, ni zumos, ni suero Nada de nada.
La Gran Muralla está aproximadamente a una hora y media de camino desde el hotel. Por el camino nos paran a visitar una fábrica de jade. Nos ponen un vídeo en español en donde se nos explica todo el proceso de la talla de las figuras. Todo muy bonito pero a unos precios inasequibles. No hay obligación de compra (casi seguro que el chofer y la guía tienen comisión).
Llegamos a la Gran Muralla. Otra vez a pagar entrada. Bueno nosotros no, que ya va incluido en el precio. Pero quiero decir que en todos los sitios hay que pagar. Tienen el negocio muy bien montado. Hay una inmensidad de gente subiendo. El chofer nos dice que para ser valientes hay que subir a la sexta atalaya. Empezamos a subir y enseguida llegamos a la primera atalaya, que está bastante cerca y la pendiente no es demasiado empinada. Hacía una calor y una humedad asfixiantes. Mi madre al inicio del segundo tramo se quedó sentada en un escalón diciendo que no podía más, que le dolían las piernas. Nos lo creímos puesto que tiene las piernas muy mal con muchísimas varices. Lola se quedó con ella y los demás continuamos la excursión hacia la segunda atalaya. Las piedras de los escalones están muy desgastadas algunas y muy poco otras. Los escalones no hay casi ninguno del mismo tamaño; los hay desde los 10 cm. de alto hasta otros con unos 30 ó 35 cm. lo que los hace de muy mal subir, sobretodo si hace mucho calor y además vas cargado con una niña y una sombrilla para el sol. En fin, que llegados a la segunda atalaya, dijimos que ya habíamos hecho bastante para aquel día. Nos hicimos las fotos de rigor, no fuera caso, y bajamos otra vez para abajo. Las piernas nos flaquean, las rodillas nos duelen, parece como si los tobillos se aflojaran. Tengo miedo de no caerme con la niña. Realmente lo pasamos todos bastante mal. Más abajo nos encontramos a Lola abanicando a mi madre. Ya se había recuperado, pero cuando subíamos no nos dijo la verdad. La realidad fue que le dio como un sofocón, que no podía respirar, se ahogaba, le faltaba aire y fuerzas para subir, incluso para moverse. No nos lo dijo inicialmente para no asustarnos y, según sus palabras, para no amargarnos el día y para que nosotros pudiéramos subir hasta donde nos habíamos propuesto. Lola tuvo que darla aire, inicialmente, con dos abanicos, uno por delante y otro por atrás. Parece ser que lo pasó realmente mal, y todo por ir a buscar a su nieta. Y ella que es una persona acostumbrada a caminar y no se la imaginaba tan grande, pensaba que en un par de horas la íbamos a recorrer toda entera. ¡Con sus 6.700 km. de largo que tiene!
Queralt ha pasado mucho calor, entre el calor ambiental del día y el calor que le daba yo con mi cuerpo adosado al suyo, ya que iba en la mochila, lo ha pasado realmente mal. A la hora de comer incluso ha vomitado parte del biberón que le habíamos dado. Suponemos que se había mareado un poco. El restaurante tenía también una parte dedicada a tienda de artesanía y souvenirs. Entre una cosa y la otra era muy, muy grande.
Por la tarde fuimos de compras por los alrededores del hotel y después nos fuimos al jacuzzi. Bueno todos no puesto que la abuela no encontró el gorro de baño. Eso es como una casa de locos, con 2 habitaciones y 5 adultos no hay quien se aclare, especialmente si los dos jóvenes son especialistas en sacar las cosas y luego no recoger nada. Siempre que buscas una cosa tardas un montón de tiempo buscándola hasta que la encuentras. Cuando volvimos del jacuzzi, vimos que el gorro de la abuela estaba encima de una mesa, tapado por alguna otra pieza de ropa.
27 de Agosto de 2005
Hoy, como día final en China, nos tocó visitar la Ciudad Prohibida. Fuimos andando puesto que está a no más de 15 minutos del hotel siguiendo por la misma calle hacia la derecha según se sale del hotel. Enfrente de la Ciudad Prohibida, al otro lado de la calle está la Plaza de Tiann Men. Muy grande, pero nada más. La Ciudad Prohibida está llena de muchos palacios y patios y jardines. El primer palacio que se encuentra es la Corte Suprema y a continuación la Corte Imperial. Hay un total de 9.999 habitaciones. Eso tiene que ver en que el emperador que hizo construir la Ciudad Prohibida (1404-1420) se creía el hijo de Dios y como se creía que en el cielo había 10.000 habitaciones él no podía ser más que su padre. También pasamos mucho calor. Había un gentío impresionante, tanto de turistas extranjeros como del país. Allí coincidimos con un grupo de adoptantes españoles que también estaban haciendo la misma visita. Al salir, por la parte trasera de la Ciudad Prohibida nos esperaba el chofer para llevarnos al hotel. Al llegar al hotel nos encontramos con que estaban preparando la recepción de una primera autoridad. Justo después de que entráramos nosotros extendieron una alfombra roja y alrededor de ella se pusieron un montón de gente, elegantemente vestida, para la recepción. Se trataba de la conmemoración del décimo aniversario de la Conferencia Universal sobre la mujer celebrada allí mismo. Nosotros, sudados y vestidos tal como íbamos, no dábamos el pego en medio de tanta elegancia y subimos a un mirador que hay en la segunda planta para ver quien era la persona a la que iba dedicada aquella llegada. Al final llegó una señora, de rasgos asiáticos a quien tengo vista por la televisión. Me suena como la presidenta o primera ministra de algún país, pero ahora mismo no sabría decir cual.
El chofer, que estos días se aloja en el mismo hotel, puesto que le han contratado para acompañar a las autoridades que se acumulan este fin de semana con motivo de la conmemoración del décimo aniversario de la Conferencia Universal sobre la mujer, nos dijo que no sabía muy bien si el domingo nos podría acompañar al aeropuerto él mismo, ya que dependía del trabajo del hotel.
Tarde libre. Comida al KFC, para despedirnos Y por la tarde volvemos a la calle Wang Fu Jing para hacer las últimas compras, que siempre te acuerdas de alguien a quien le deberías traer algo y que en todo este tiempo no te habías acordado. Hacía mucho calor, de todas formas no más que el que sufrimos en nuestro pueblo, como mucho igual pero más no. Intentamos ponernos y pasar siempre por la zona donde tocaba un poco la sombra.
Después, para no molestar, nos vamos todos al jacuzzi para así dejar tranquila a Conxita para que haga las maletas, si puede. Para no ensuciar nada por la noche, la abuela nos prometió que si le sobraba dinero (y le sobró) nos invitaba a cenar al restaurante Outback Steakhouse que hay en el mismo hotel. Ha sido, de largo, la comida más cara que hemos hecho en todos estos días en China. La cena de 5 personas nos costó 1.200 yuanes. Eso si, estuvo muy bien. Pero cara lo es, al menos para los precios de China.
28 de Agosto de 2005
Hoy nos levantamos a las 5 de la mañana. No dormimos muy bien. Queralt tampoco. ¿Por qué será? ¡ES QUE NOS VAMOS PARA CASAAAAA! Le damos el biberón a Queralt y a las 06:25 nos suben a recoger las maletas. Cinco minutos después estábamos en recepción liquidando la factura. Al cabo de un momento de haber pagado me di cuenta de que nos habíamos dejado los dos sombreros típicos chinos que compramos en aquel pueblo milenario que visitamos. Pedí otra vez la llave de la habitación y subí a buscarlos. Sacamos las últimas fotos del hotel mientras nos esperamos que abrieran el comedor a las 7 para el desayuno. Mientras, Queralt, que hoy estaba como una moto, ya se había recorrido toda la planta baja del hotel varias veces.
Al final el mismo chofer que tuvimos toda la semana nos pudo acompañar al aeropuerto. Cuando vio la cantidad de maletas que llevábamos casi se nos desmaya. Y es que a la ida pusimos algunas maletas dentro de otras para evitar llevar tantos bultos, pero ahora con todo lo que compramos lo llevábamos todo a tope, incluso con más bolsas de mano de las que normalmente permiten en los aviones.
En el aeropuerto nos despedimos de Lola, una persona que nos ha hecho que este viaje haya sido muy agradable para nosotros, al menos por lo que a su trabajo se refiere. Tendríamos muchos adjetivos para ella y todos buenos, pero creo que lo mejor que podemos decir de ella es que la recordaremos siempre en nuestro corazón. Luego al ir a facturar las maletas, las empleadas del aeropuerto nos querían hacer facturar algunas bolsas de mano, puesto que entre todas paraban mucho bulto. Nosotros, para no dejar que nos facturaran las bolsas de mano, dijimos que en ellas llevábamos cosas frágiles y así nos dejaron continuar. Les pedimos a las chicas de facturación si nos podían poner una cuna para la niña en el avión. Cuando vieron a la niña nos dijeron que sería un poco difícil puesto que por el tamaño de ella seguramente no iba a caber. Al final no supimos si nos la ponían o no. Lo único que vi es que los primeros billetes que habían sacado los rompieron y sacaron otros
Cuando estábamos haciendo cola para el control de pasaportes nos encontramos con otro grupo de españoles que también se iban para casa. Ellos iban con ANDENI y de entre ellos oigo una voz que dice: ¿eres Pere?. Pues si, eran Kimi y su mujer Gloria, de Plasencia (Cáceres), con sus niños, que nos habían conocido a través de las fotos de teníamos colgadas en la página de Octubrines-Noviembrines 2004 en Internet. Todos ellos iban vía Ámsterdam y en cambio nosotros íbamos vía Helsinki. No pudimos hablar mucho con ellos puesto que los críos, especialmente Queralt, estaban muy nerviosos y nos daban mucha guerra.
Antes de embarcar nos dijeron que no podíamos tener el cochecito con nosotros, que lo teníamos que embarcar. Ellos lo querían embarcar hasta Barcelona pero les dije que lo quería recuperar en Helsinki puesto que teníamos un rato de espera antes de coger el siguiente avión. Accedieron. Al final embarcamos a las 10:25 pero el avión no salió hasta las 11:25. Queralt, al poco de entrar en el avión se nos durmió. Cuando las azafatas la vieron, enseguida nos trajeron una cuna, que la colgaron de la pared que teníamos enfrente. Pusimos a la niña encajonada allí dentro, puesto que las dimensiones de la cuna eran quizás algo inferiores a las de la niña y estuvo durmiendo hasta las 13:00. Luego le preparamos un biberón y no lo quiso. Se comió un panecillo de los que nos dieron para nosotros en el avión. A ella le dieron un babero de Finnair y también un cuento.
Durante el viaje se portó bastante bien. Movidita, pero aceptable. Una de las veces que fueron con Conxita a pasear por el pasillo se encontraron con un chino que le dijo alguna cosa y se fue directamente con él. Pasaba de Conxita. Es más, si ella la quería coger, se le giraba de espaldas y le tiraba patadas. Y es que esa niña, durante los días que hemos estado en China, se ha ido con todos los hombres que ha encontrado a su paso. Si le dabas a elegir entre irse con un hombre o con una mujer, ni que fuera su madre, siempre, siempre, sin dudarlo se iba con el hombre.
Al final del viaje, antes de aterrizar en Helsinki, la azafata de vuelo nos dio el cinturón de seguridad para atarla a ella y aquí se armó la de San Quintín. No quería estar atada y quieta en nuestra falda. Se puso a llorar de manera tan fuerte y enérgica que al momento tuvimos allí a cinco azafatas para ver que era lo que pasaba. Al final justo cinco minutos antes de tomar tierra, fruto del esfuerzo hecho con la llorera y de las horas que hacía que no dormía, se quedó dormida. Pero fue como un espejismo puesto que duró el tiempo que todo el pasaje saliera del avión. Al moverla para bajarnos nosotros se volvió a despertar. Aterrizamos a las 14:15 hora de Helsinki, 13:15 hora española y 19:15 hora china. El vuelo duró 7 horas y 50 minutos.
En Helsinki recuperamos el cochecito y a la hora de embarcar ya lo facturamos directamente hasta Barcelona, ya que aunque íbamos a hacer otra parada en Bruselas, el tiempo de espera en Bruselas iba a ser el justo para cambiar de avión y ya no lo íbamos a necesitar.
El vuelo Bruselas-Barcelona es compartido entre Finnair e Iberia y en este caso es operado por la compañía española. Enseguida notamos un gran cambio entre los aviones de Finnair y los de Iberia en el sentido que estos últimos tienen la distancia entre asientos mucho menor y casi no se cabe ya que las rodillas te tocan delante, y no es que yo sea muy alto. Queralt nos dio la lata en todo este trayecto, tanto es así que en nuestra fila había también otro pasajero que ocupaba el asiento del pasillo y al cabo de un rato de ver como intentábamos calmar a nuestra fierecilla sin conseguirlo, vio que unas filas más atrás había otro asiento libre y se fue allí para no molestarnos.
Al final llegamos a Barcelona. Las 21:00. Puntual a la hora de aterrizar. El único problema es que nos tienen mucho rato en el avión antes de abrir la puerta puesto que nadie les acerca la rampa de desembarque al avión. Salimos del mismo casi a las 21:30. Nos vamos a recoger las maletas. Enseguida empiezan a aparecer las nuestras: 1, 2, 3 ¿y la cuarta? ¿y el cochecito? Pues no, no aparecen. Vamos a información de equipajes y nos dicen que si a esta hora no han aparecido, que hoy ya no aparecen, que nos vayamos a poner una reclamación al mostrador de reclamaciones de equipajes de Iberia (puesto que el vuelo último lo había efectuado Iberia). La cola para las reclamaciones es inmensa y hay que esperarnos un rato largo. Fuera nos esperan familiares y amigos y también una compañera de trabajo mía, Pepita, a quien le queremos agradecer inmensamente, que vino a hacernos de taxi ya que todos no cabíamos en nuestro coche. Todo este grupo ya estaban nerviosos y no hacían más que llamarnos por teléfono para ver que pasaba. Mientras yo estaba poniendo la reclamación de los equipajes extraviados, Conxita fue a cambiar a la niña para ponerla muy elegante ante su presentación en sociedad.
Salimos que ya eran casi las 11 de la noche y allí estaban todos. Esperándonos con pancartas, globos y unas sonrisas de oreja a oreja, amén de alguna que otra lágrima ¿verdad Pepita? Lo que vino a continuación es fácil de imaginar y por esto dejamos la imaginación de todos abierta.
Nota: Aunque este relato está escrito por Pere, no habría podido hacerlo sin la inestimable tenacidad y paciencia de Conxita, mi esposa, que se llevó un cuaderno para el viaje y a cada momento iba anotando todos los detalles que encontraba interesantes y al final de cada día no se iba a dormir sin haber anotado todo lo ocurrido durante la jornada. A ella le dedico este escrito que me puse por objetivo hacer cuando empezamos esta aventura de la adopción para poderlo recordar toda la vida. El hotel Hilton
En el Registro de Chongqing
A la llegada al hotel
Viaje al orfanato En China secan el arroz en la carretera y los coches pasan por donde pueden. En concreto, ésta era una carretera de "alto nivel" y era de peaje.
En todos sitios se junta un montón de gente para ver a una chinita en "poder" de unos occidentales. Por otro lado, las vitrinas donde exponen la comida no son de lo más higiénicas que digamos.
La primera carcajada chocando las manos.
Al lado de los grandes y nuevos edificios está la miseria.
Visita al orfanato Tocando al orfanato hay una residencia de ancianos muy nueva. Esnfrente hay otro edificio abandonado que era la vieja residencia (Edificio gris que queda a la derecha de la foto).
Más fotos del orfanato. La que va de amarillo es Queralt con su cuidadora llorando porqué la pusieron en su cuna y no quería.
|
||
| Pagina de inicio | ||