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Hola compañeros:
Ya estamos de vuelta. Para quien no me conozca o no me recuerde, os pongo
en situación. El 24 de Diciembre volamos hacia Fujian con nuestra
(ya) hija mayor, María Jiang, de dos años y diez meses,
para buscar a la retoñita chica de la familia, Marta Yuan, que
por entonces estaba a punto de cumplir 13 meses.
Me gustaría hablaros de muchas cosas, de las muchas facetas que
ha tenido este viaje para nosotros, porque entiendo que esto puede ayudar
a alguien, porque vayan a esa provincia, porque estén dudando si
llevar a otros hijos, o porque simplemente le sirve a alguien que está
esperando a vivir esta maravillosa experiencia. Empiezo a escribir este
correo hoy Miércoles, 12 de Enero, a las 7´30 de la mañana,
pero no sé cuando lo terminaré, ni siquiera sé si
lo terminaré, si en vez de un correo serán dos o tres...
Intentaré terminarlo. Puedo escribir ahora porque el sr. Jet Lag
se ha quedado a vivir con nosotros y hoy nos ha despertado a mi retoña
mayor y a mí a las 6 de la mañana. Pero esto durará
hasta que mi lobita menor inicie su grito
de guerra y ya se acabó el "internés".
Bueno, pues como os decía hemos viajado a Fujian, cuya capital
es Fuzhou. Es una provincia poco frecuente en adopción internacional,
cuando supe que iba allí pregunté en la lista si alguien
había viajado allí, y sólo me respondió Josu,
al que si me lee quiero darle las gracias por la información que
me dió, nos encontramos justo lo que él nos comentó,
y que yo ahora trataré de transmitir para los futuros "fujianianos".
Fuzhou es una ciudad moderna y rica, con grandes avenidas y grandes almacenes
para todos los gustos. Fujian es una pronvincia costera, frente a Taiwan,
y abierta al mar comercial y económicamente, lo que le ha permitido
un desarrollo mayor que a otras provincias interiores. Lei en algún
sitio que Fujian, Guandong y Hainan eran las provincias menos "chinas",
en el sentido que por su situación geográfica se cierran
hacia el resto del país y se han abierto más al exterior
por el mar. En concreto Fujian se aisla del resto del pais por las montañas
que componen todo su paisaje. El desarrollo
económico que experimentó esta provincia produjo un fuerte
incremento demográfico que llevó aparejada una intensa emigración
sobre todo hacia Europa.
Pasear por las calles de Fuzhou te hace sentir como un auténtico
bicho raro. Eso de ver dos occidentales por la calle ya es raro para ellos,
pero si encima llevan dos niñas chinas eso ya les rompe todos los
esquemas, y si en cualquier sitio de China somos especímenes dignos
de estudio para sus ojos, en Fuzhou ya ni os cuento. No pueden entenderlo,
y nuestra guía nos confirmó lo que ya me habían dicho
en otras ocasiones, hay un desconocimiento casi general sobre la adopción
internacional, y por supuesto las familias biológicas de nuestras
niñas no tienen idea de que sus hijas pueden ser adoptadas en el
extranjero.
Aunque resultemos raros a sus ojos, sigue siendo una ciudad moderna, con
grandes rascacielos. Allí se encuentra de todo. En concreto hay
unos grandes almacenes, Wal Mart creo que se escribía, donde podemos
encontrar todo lo que necesitemos, y a muy buen precio: leche infantil,
pañales, ropa (muy barata), juguetes, biberones, libros, comida...
En esta ocasión nosotros decidimos llevar de regalo al orfanato
ropa y otras cositas infantiles, pensamos en gastarnos unos 50 euros,
y por más que echábamos cosas al carrito no había
forma de llegar a esa cantidad... Resultado: un bolsón gigante
de ropa, bibis, cuentos, etc.
En el orfanato creo que se habrán quedado más que satisfechos
con el regalo, porque nos dijo el director que había unos diez
niños en Datian, así que ya tienen ropa para aburrirse.
Nuestro hotel fue el Lakeside Hotel, situado en un lugar precioso, al
borde de un lago y de un parque estupendo para pasear con las niñas,
si el tiempo acompaña, claro, porque aunque allí debería
de darse un clima subtropical, nos cogió un frio tremendo, incluso
con alguna helada matutina. Este hotel está dentro de la ciudad,
pero no en el centro, por lo que hay que moverse mucho con taxis para
ir a los grandes almacenes. Mucho cuidado con intentar coger un taxi entre
las cinco y media y las seis y media, sobre esa hora hacen cambio de turno
y no te para ninguno, lo cual es horrible cuando vas cargada de bolsas
y de niñas, nos agobiamos bastante, la verdad. De todas formas
cerca del hotel hay muchas tiendecitas donde comprar cosas básicas,
como agua o leche, y té... el té de Fujian es famoso por
su calidad.
El Hotel estaba bien, un cinco estrellas, bastante aceptable, con un presunto
buffet occidental que nos parecía a todos de comida china a reventar,
y a la carta se comía muy bien. Todo en el hotel muy barato, incluida
la conexión a Internet en la habitación (siempre que lleves
el ordenador portátil). El mejor recuerdo de este hotel es de la
Nochevieja, nos concentramos en una zona del pasillo donde sólo
estábamos las familias del grupo y alguna habitación vacía,
y allí sacamos una botella de Chivas, y unas cuantas latas de uvas.
Allí, las seis familias celebramos la llegado del 2005 de una forma
muy especial, en pijama, y en vez de campanadas un compañero hacía
chocar dos cucharas de madera típicas de su pueblo que había
llevado como
regalo para quien se terciara. Nos reimos un buen rato, hasta que nos
echaron, claro, era de esperar... Estos chinos... no compartían
con nosotros el motivo de nuestra celebración, a la una todos a
dormir.
Lo que más rabia nos dio es que nos echaron porque dos hombres
que habían entrado en sus habitaciones un ratillo antes llamaron
a recepción. Y una piensa... muy bien, quieren descansar, normal...
Pero no, lo que nos encontramos mientras recogíamos fue a dos chicas
jóvenes vestidas con camisetas, falditas cortas de tablas y zapatos
de tacón, todo blanco, como tenistas con tacones, llamando a sus
puertas. Total, que terminamos nuestra fiesta para que ellos tuvieran
la suya, querrían intimidad, supongo.
Anécdotas a parte, vamos a lo importante: cómo reaccionó
la hermana mayor, y cómo nos fue con dos petardas a cuestas. María
Jiang, que en Marzo cumplirá 3 años, no es muy habladora,
así que durante todo el tiempo que la estuvimos preparando para
el viaje nunca supe con certeza qué era lo que pensaba y si estaba
comprendiendo la situación que se iba a presentar. No tenía
más remedio que esperar a que se desarrollaran los acontecimientos.
Aún puedo ver su carita seria como nunca la había visto
mirándome echada contra una puerta mientras yo cogía a Marta
por primera vez, me agaché rápido con la niña en
brazos y se la mostré, se la presenté, la abracé
(mientras mi bichillo chico lloraba aterrorizada mirándome...ejem...).
El caso es que muy pronto pude ver en la cara de María que estaba
entendiendo todo lo que pasaba, que aquella niña llorona era Marta,
y empezó a llamarla como la nena, el bebé... Pronto empezó
a acariciarle la cabecita y a sonreir.
Tengo que decir que fue difícil para mí esa situación,
que mi corazón estaba partido, que miraba a una y quería
abrazarla a ella, y miraba a la otra y quería abrazar a la otra,
tenía que atenderlas a las dos a la vez y con miedo de que alguna
de las dos sufriera este momento más de lo que yo deseaba. A todo
esto mi marido estaba en la misma tesitura, tras grabar un poco con la
cámara de vídeo cogió a Marta, que se calló
al momento, por cierto, y ya pude yo hablar íntimamente con María,
mostrándole, explicándole.
Al final todo salió muy bien, durante nuestra estancia allí
los celos fueron mínimos, pronto empezaron a jugar juntas revolcándose
en la cama, y era para derretirse escuchar sus carcajadas. Ya en casa
las cosas han cambiado un poco, María ha vuelto a su terreno, aquí
están sus espacios y sus posesiones, y se ha vuelto muy celosa
de lo suyo, quiere más brazos, imita a la hermana cuando gatea
o cuando llora... Pero el balance final es muy positivo, mucho mejor de
lo que podía imaginar, ha sido un gustazo ver a mi hasta entonces
pequeña hija convertirse en hermana mayor por ella solita, qué
cambio!!!
Ah, por cierto, empecé a escribir el Miércoles, ya es Domingo...
A ver si puedo mandar esto antes de que se vayan algunos compis que van
a Fujian.
Sigo. Pero cómo nos fue a nosotros con dos niñas de edades
tan similares? Pues nuestro corazón está hinchado de satisfacción
y nuestra espalda está saturada de contracturas, jejeje. Desde
nuestra experiencia, viajar con algún niño/a pequeño/a
en busca de su hermano/a es totalmente recomendable, se viven situaciones
únicas, y sientes que no podrías vivir la llegada del nuevo
miembro familiar de otra forma. Pero hay que asumir que requiere un esfuerzo
considerable, que salir cada mañana del hotel con dos niñas,
con sus dos carritos, preparar sus cosas para echar casi todo el dia fuera,
etc, es algo pesado... Coger un taxi, subir y bajar del autocar, vestirnos
los cuatro por la mañana para ir a desayunar... todo requería
bastante esfuerzo. Pero ya sabéis, sarna con gusto..., y en definitiva
lo pasamos muy bien, y nos hartamos de hacer turismo y compras. Vamos,
que nos hemos movido tela marinera (a lo mejor si una se mueve menos la
contractura de la paletilla derecha no aparece ;-)).
La verdad es que podría escribir de tantas y tantas cosas que no
acabaría en un mes, pero quiero con este correo simplemente mostrar
nuestra experiencia para aquellos que vayan a vivir algo similar, así
que no me meteré en muchos detalles más del viaje. Sólo
me queda hablar de otro aspecto que apenas se menciona cuando hablamos
de nuestros viajes a China, y es el regreso.
Compañeros: hay que guardar grandes dosis de energía y de
optimismo para el viaje de vuelta. Os cuento como nos fue. El vuelo de
Beijing a París, con Air France, fue de lujo. Llevábamos
cinco asientos para los tres con billete y el bebé, había
bastantes sitios libres en el avión, y encima nos dieron asientos
delante, donde van las cunas, así que Marta Yuan viajó todo
el tiempo en su cuna, primero dormida y luego sentada o de pie, provocando
a todo el que pasaba y con un cachondeo estupendo. Todos íbamos
muy bien, María tumbada en dos asientos durmiendo, nosotros con
los brazos libres... En fin, un lujo. LLegamos a París, y atención
para los compañeros de Aci que tengan los mismos vuelos, quedaban
menos de 50 minutos para embarcar en el vuelo de Madrid. Un empleado del
aeropuerto nos esperaba para llevarnos hasta el terminarl 2F (nunca se
me olvidará, qué leñe), y
nos llevó, vaya que si nos llevó. Era imposible seguirlo,
sus pies volaban y nosotros nos arrastrábamos cargados de niñas
y de equipaje de mano. En el control de equipaje a mi marido le hicieron
hasta quitarse las botas... y yo con los pasaportes en los dientes...
qué jodíos, no nos veían cómo íbamos?
En fin, que llegamos al avión, nos sentamos, y allí con
los nervios nos estuvimos riendo un buen rato... hasta que dejamos de
reirnos, porque de repente nos dio el bajón del siglo y estábamos
desparramados por los sillones, y pensando que aún nos quedaba
el último vuelo hasta Sevilla o hasta las ciudades de los otros
compañeros.
Y tachán!!!! Llegamos a Barajas y a las maravillas de Aena e Iberia.
Recogemos nuestro equipaje y oh sorpresa: el cochecito de Marta no aparece,
se había quedado en París (esto fue culpa de Air France).
LLegamos sobre las 6 y nuestro vuelo salía a las 10, por supuesto
no nos quisieron cambiar los vuelos alegando no sé qué leches
de tarifas, el llevar a una niña dormida en brazos y otra dormida
en su carrito y nuestras ojeras del 15 no sirvieron de nada (culpa de
Iberia). Cuando iba llegando la hora de embarque, tras varias horas con
las niñas tiradas por los asientos de Barajas durmiendo derrotadas,
nos enteramos de que nuestro vuelo ha sido cancelado y que nos meten en
el vuelo de las 23´15... toma ya... el mundo se nos vino a los pies,
ya habían pasado más de veinte horas desde que nos habíamos
levantado, ya no podíamos más... (culpa de quién?
de Iberia, de Aena?). Y para
colmo cuando vamos a embarcar nos cambian la puerta (esta vez si fue Aena)
y nos mandan a la otra punta de Barajas... Otra vez la familia Cebolleta
corriendo por el aeropuerto tan cargados que parecíamos árboles
de Navidad andantes. Bueno, ya no pasó nada más... no podía
pasar nada más, nos consolábamos pensando que después
de casi 26 horas desde que nos sonó el despertador en Pekín
hasta que llegamos a casa demasiado poco nos había pasado. Hasta
que quisimos llamar con el móvil... no aparecía... nos lo
habíamos dejado en el avión de Madrid a Sevilla (y esto
ya fue culpa nuestra).
En fin, ya han pasado unos dias y has encuentro cómico imaginarme
lo que pareceríamos por los aeropuertos, si pudiéramos vernos
a cámara rápida pareceríamos sacados de una peli
muda, pero compañeros, preparaos para la dichosa vuelta.
Antes de deciros adiós quiero mandar un gran saludo y miles de
besos a las otras cinco familias de nuestro grupo: Chari, Segundo y Noelia,
Antonio Olga y Olguita, Antonio Lola y María, Marisa y Lucía,
y en especial para unos amigos que ya se nos han instalado en el alma,
Chiqui, Nati y su hija Nuria. Y aunque sé que la mayoría
no me van a leer, también mando un enorme beso virtual a nuestra
guía en China, Qin, a la que debemos mucho, algunos más
que otros, y a la que nunca olvidaremos. Se despidió como guía
con nuestro grupo, ya pasaba a trabajo de oficina, y aunque los chinos
no demuestran sus emociones, sí vimos lágrimas en sus ojos
en el aeropuerto, y en alguna otra ocasión más...
Bueno, y hasta que he llegado... Seguiré por las listas leyendo
vuestros correos cuando mis dos petardillas me dejen, y cuando me organice
empezaré a escribir algo, a mandar algunas fotos, que las tenemos
magníficas (modestia aparte, jejeje).
Así que muchos besos para todos, muchas felicitaciones a los nuevos
papás y mamás, y muchos ánimos a todos.
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